“La pregunta relevante no es únicamente cuánto recauda una norma, sino qué valores promueve y qué efectos produce sobre la...
Maternidad y carrera legal
“Muchas veces esos momentos coinciden justamente con responsabilidades de cuidado: ‘Eso lo vimos ayer cuando tú estabas haciendo el turno del colegio’ o ‘Ah, es que ayer fuimos a tomar unas cervezas después del trabajo y ahí lo decidimos’. Con el tiempo, quedar fuera de esos espacios también puede influir en quién gana visibilidad y accede a nuevas oportunidades”.
Pamela Rillón Oportus - 14 Agosto, 2026
Son las ocho de la noche y una abogada mira su celular bajo la mesa. Tiene tres llamadas perdidas de su hijo de 8 años, pero la reunión sigue. Nadie parece apurado. Se agenda otro punto para el día siguiente, aparece un correo que exige respuesta inmediata y ella vuelve a sentir esa división conocida. Si se queda, cumple con el trabajo. Si se va, teme que su decisión termine jugando en su contra.
Pamela Rillón Esta escena ayuda a entender una tensión que atraviesa muchas trayectorias profesionales. La maternidad no siempre opera como una barrera visible. A veces se manifiesta en los horarios de las reuniones, en la asignación de asuntos relevantes, en los comentarios informales y en la expectativa de responder sin importar la hora.
Una abogada entrevistada lo resume así: «Nunca me imaginé que ser madre pudiera cambiar tanto la forma en que me veían en la oficina. Después de tener hijos empecé a notar que las oportunidades dejaban de llegar. Sentí que ya no me consideraban de la misma manera».
Los datos muestran que no es un caso aislado. Según el informe chileno del proyecto «50:50 para 2030» de la International Bar Association, publicado en 2023, las mujeres representan el 39% de los abogados que trabajan en estudios jurídicos, pero solo el 18% de quienes ocupan puestos de alta responsabilidad en esas firmas. La brecha aumenta a medida que avanza la carrera.
Otra pista aparece en el primer estudio en Chile sobre sesgos de género en estudios jurídicos y gerencias legales, desarrollado en 2024 por la Universidad Adolfo Ibáñez y Fundación Pro Bono. Entre los sesgos analizados está la llamada «pared materna». Según el estudio, el 63% de las abogadas declara que, cuando las mujeres tienen hijos, cambia la percepción que sus compañeros tienen de su compromiso laboral y su competencia.
El problema no es la maternidad. Es una cultura profesional que todavía mide la entrega con reglas pensadas para alguien que no cuida a nadie. En muchos estudios jurídicos, la disponibilidad total sigue funcionando como señal de ambición. Quien se queda hasta tarde o responde a cualquier hora parece más comprometido y confiable.
Esa forma de trabajar tiene una historia. Durante mucho tiempo, quien desarrollaba una carrera podía extender sus horarios porque otra persona se ocupaba de buena parte de la vida doméstica y del cuidado de los hijos. Llegar tarde a la casa se interpretaba como una señal de esfuerzo. Cuando las mujeres ingresaron masivamente al ámbito profesional, esa distribución de responsabilidades no cambió al mismo ritmo. Aunque hoy muchos hombres participan más activamente en la crianza, todavía persiste la idea de que quien más se dedica a su trabajo es quien está dispuesto a prolongar sus horarios.
Esa lógica tiene consecuencias concretas. Una segunda entrevistada recuerda cómo cambió su carrera después de ser madre. «Siempre soñé con llegar a ser socia, pero sobre la marcha me fui dando cuenta de que iba a ser muy difícil. Estaban las fiebres, los llamados del colegio para ir a buscar a alguno de los niños, las tareas, la compra de materiales a último minuto y tantas cosas que iban apareciendo a cada rato. Me daba envidia ver a colegas hombres que podían pasar horas sin mirar el celular porque sabían que alguien más se estaba ocupando de todo. Yo no podía competir en las mismas condiciones. Finalmente opté por renunciar y trabajar por mi cuenta desde la casa».
En la profesión hay exigencias inevitables y asuntos que requieren respuesta inmediata. Pero una cosa es atender una urgencia real y otra convertir la disponibilidad permanente en una regla. Cuando eso se vuelve habitual, estar disponible a toda hora puede terminar confundiéndose con mérito.
Esa dinámica no se da solo en el trabajo formal. También existe un circuito informal que continúa durante el almuerzo o después del trabajo, cuando la conversación sigue y se van definiendo cosas. Muchas veces esos momentos coinciden justamente con responsabilidades de cuidado: “Eso lo vimos ayer cuando tú estabas haciendo el turno del colegio” o “Ah, es que ayer fuimos a tomar unas cervezas después del trabajo y ahí lo decidimos”. Con el tiempo, quedar fuera de esos espacios también puede influir en quién gana visibilidad y accede a nuevas oportunidades.
También están las mujeres que llegaron a los cargos más altos y conocen de cerca el costo que puede tener hacerlo. Una socia entrevistada recuerda aquellos años con sentimientos encontrados. «Estoy muy orgullosa de lo que he logrado profesionalmente, pero el costo familiar fue enorme, sobre todo con mis hijos. Yo no creo mucho en esa idea de que la maternidad es perfectamente compatible con llegar a cargos más altos, como si no hubiera nada que sacrificar. En mi caso, me perdí muchas etapas de mis hijos. Muchas actividades del colegio. Llegaba a la casa cerca de las nueve de la noche, agotada, y ellos ya estaban bañados. Algunos incluso estaban durmiendo. Muchas veces solo los veía en la mañana, cuando los iba a dejar al colegio. Y para los hombres, al menos en mi época, no era igual».
Hoy esta abogada dirige su propio estudio jurídico y esa experiencia influyó en la manera en que decidió organizar el trabajo. «Por eso creo que tienen que existir cambios. Ahora me preocupo mucho de que quienes trabajan conmigo, hombres y mujeres, tengan tiempo para estar con sus familias».
Conciliar trabajo y familia no debería ser un asunto que recaiga solo en las mujeres. Hombres y mujeres deberían poder desarrollar carreras exigentes y, al mismo tiempo, asumir el cuidado de sus hijos y sus responsabilidades familiares.
El cambio de fondo es dejar de medir el compromiso por la capacidad de estar siempre disponible. Mientras avanzar dependa de poder quedarse hasta más tarde o responder a cualquier hora, cuidar seguirá teniendo un costo profesional.
Pamela Rillón Oportus es periodista y magíster en Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Se desempeña como relatora en habilidades blandas, comunicación efectiva, liderazgo e inteligencia emocional, incorporando la Ley Karin desde una mirada preventiva. Aborda temas vinculados al buen trato, la dignidad, la salud mental y los deberes de cuidado en espacios laborales y formativos.
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