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Qué pasa con las expectativas del abogado que busca un agente

Los candidatos suelen contactarse después de la entrevista por distintas razones, que van desde un mal ambiente laboral —como un jefe que no muestra empatía con sus subordinados o compañeros intensamente competitivos— hasta dudas del tipo más vocacional, como “No sé si quiero hacer esto el resto de mi vida”.

22 Junio, 2017 Comparte en:
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Suele ocurrir que los abogados que buscan trabajo —porque están entrando al mercado laboral, porque los despidieron o porque quieren cambiarse— ven en una consultora de reclutamiento a un grupo de entes activos, verdaderos agentes que extiendan sus redes para lograr para ellos el lugar soñado, con el sueldo soñado.

Sin embargo, se topan con un modelo en que el grupo de reclutadores recibe el currículum del “candidato”, lo ingresa a la base de datos y lo entrevista, sea para conocerlo o bien cuando su historia curricular calza con algún perfil que un cliente haya solicitado.

Porque en este modelo, extendido a nivel global, no son los candidatos quienes pagan los servicios de reclutamiento, sino que las empresas, organismos públicos y estudios jurídicos que abren un proceso.

Ese proceso usualmente comienza con la necesidad de llenar un cargo que ha quedado vacante por una renuncia, cuando un departamento legal requiere de refuerzos o cuando se va a crear una nueva área de práctica.

¿Pero qué pasa con las expectativas de ese abogado que busca un agente? “Cuando hacemos una entrevista, nuestro equipo trata de resolver todas las dudas de los candidatos, sin importar si los hemos llamado sólo para conocerlos o para integrarlos a un proceso en particular”, cuenta Matías Ortúzar, gerente de procesos de Idealis Legal Recruitment, consultora que tiene oficinas en Santiago de Chile y Ciudad de México.

“Además, cada candidato se queda con todos nuestros datos de contacto, con lo que es frecuente que nos llamen para consultarnos cuando se sienten en alguna encrucijada… o sólo para calmar angustias”, añade.

Las distintas clases de angustias pueden ser desde un mal ambiente laboral —como un jefe que no muestra empatía con sus subordinados o compañeros intensamente competitivos— hasta dudas del tipo más vocacional: “No sé si quiero hacer esto el resto de mi vida”; “He pensado que me gustaría trabajar en una fundación, pero no sé si el mercado me va a castigar en unos años más”; “Quiero irme a estudiar un LLM y no sé cómo elegirlo”.

Cualquiera sea el caso, todos queremos para nuestra vida el trabajo soñado, nosotros así lo entendemos, y aunque no siempre podamos cumplir con las expectativas de los candidatos, intentamos estar siempre disponibles para ellos, concluye Ortúzar.
 

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