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Internacional

Abogados son sancionados en Argentina por usar captadores de clientes

Aunque el castigo es sólo una amonestación, entrega un precedente judicial sobre la admisibilidad de una conducta que también es muy común en Chile.

18 Agosto, 2015 Comparte en:
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Como revela un reportaje publicado en la revista El Mercurio Legal de julio pasado, es usual encontrar captadores en las afueras de los Juzgados de Familia, la Inspección del Trabajo y el Conservador de Bienes Raíces de Santiago.
 
La periodista Isabela Assumpção Mengarelli explica que por pagos muy modestos y la mayoría sin contrato de trabajo, estas personas entregan volantes, folletos o tarjetas de estudios jurídicos o abogados particulares, y reciben una comisión por cada persona que logren llevar a la oficina. En el camino, muchos de ellos entregan una breve “asesoría” al eventual cliente.
 
La situación en Argentina no es distinta, pero allí un tribunal de apelaciones acaba de confirmar la sanción impuesta por el respectivo Colegio de Abogados: “una advertencia en presencia del Consejo Directivo”.
 
“La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal decidió confirmar la sanción de advertencia aplicada por el Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal (CPACF) a los letrados que utilizaron un colaborador que entregaba tarjetas del estudio jurídico de dichos profesionales, debido a que ello implicó recurrir al servicio de terceras personas para proveerse de clientes y autorizar el uso del nombre de un profesional a quienes no son abogados para ejercer actividades propias de la profesión”, se lee en el primer párrafo del artículo publicado en el portal de noticias especializadas www.abogados.com.ar.
 
El Tribunal de Disciplina del Colegio Público de Abogados de Buenos Aires, Capital Federal, sostuvo que la tarjeta de presentación que utilizaba el captador era conocida y consentida por los abogados denunciados. Esa tarjeta permitía establecer la vinculación entre los profesionales y el colaborador y era el instrumento que podía inducir a error a terceros que la recibieran, quienes supondrían la calidad de abogado perteneciente a la oficina que aparecía en la tarjeta.
 

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