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Editorial

ShiShi Gang, editorial para abogados no chilenos

“Sé lo que vale una democracia. No estamos en dictadura. Hay formas más inteligentes de lograr cambios que incendiar nuestra red de transporte público y saquear. Ya se logró poner la discusión en la pauta …”

7 Noviembre, 2019 Comparte en:

No estudié sociología y la política no es lo mío. Cualquier análisis que yo pudiera hacer de la crisis que está viviendo Chile, nunca se podrá comparar siquiera con la letra, la música y las imágenes de Pablo Chill-E en un solo video: Flyte [flaite].

Puedes encontrar decenas de puntos de vista y, de fondo, las decisiones estatales de vivienda social: ahí, tal cual, en crudo.

Money, money, money, money (x 4)
Yo no quiero herencia
Yo soy mi propio boss
No quiero gerencia

Intercultura todo el rato; esa que creemos que ya tenemos, pero que les cuesta tanto a ustedes como a mí. Todo el rato.

Si tienes que robar
Que no sea a ningún barrio
Nunca le robes a gente de tu vecindario
Si tienes que hacer mal
Que sea mal necesario
[Polimá Westcoast – My Blood Ft Pablo Chill-E]

Si lo tuyo no es el subtexto, en “Atte. Los Chilenos”, de Fletcher, encontrarás un discurso más articulado, con información digerida, con un castellano de buen nivel, y que te permitirá entender el ángulo de los que protestan [y de muchos de los que no protestan, pero igual].

Uno a uno
Se hacen miles
Lo que empieza un estudiante
Lo termina todo Chile

 

 
Valga la influencia de Ana Tijoux: Shock (2011).

 

Más abajo les dejo una galería de graffiti, en el centro de la capital, con un par de imágenes de cómo se están blindando tiendas, bancos y el Teatro Municipal. No pude tomar más, porque se me acabó la batería del teléfono. Me faltó una zapatería, que me habría gustado mostrarles. Volví llorando al Garage.

Entonces, aquí no hay análisis, pero sí opinión con biografía incluida:
– nací durante el Gobierno de Salvador Allende, en abril de 1972. Viví mi niñez y todo el colegio en dictadura
– en cuarto medio, último de secundaria, tenía 16 años y salí a protestar muchas veces contra Pinochet, escondida [obvio], mientras mis padres trabajaban; padres que vivieron con miedo de hablar, de mostrar, de demostrar; padres que se habían casado porque estaban embarazados de mí y se habían quedado sin dar el examen de grado
– antes de entrar a Derecho en la Universidad de Chile, fui a una escuela subvencionada y después al Liceo 7 de niñas de Providencia. Educación pública
– viví 12 años en una casa a medio terminar, frente a un asentamiento [toma, población callampa] donde había peleas a cuchillo y muertos todos los viernes y sábado, frente a un canal lleno de basura y ratones a pocos metros, anduve con zapatos rotos, caminaba cerca de 1 kilómetro para subirme a alguna micro que me llevaba algo menos de 15 kilómetros a mi liceo. En invierno, con 14, 15 y 16 años, de noche. En invierno, con 14, 15 y 16 años, con los pies mojados, junto a decenas de trabajadores, con los pies mojados, colgando en los peldaños del bus
– mis padres pagaron la mitad de mi arancel y por el otro 50% me dieron crédito universitario al 2% de interés anual [no a un 9% por 20 años], que pagué religiosamente después de titularme: 5 años de carrera, 5 años de un pago anual
– nunca odié a los ricos
– nunca odié a los privilegiados
– nunca quise un Estado asistencialista, aunque siempre anhelé el “Estado de Bienestar”
– creo profundamente en el estudio y el trabajo como mecanismos de mejoramiento de calidad de vida
– soy un producto de la dictadura en la que me crié
– he llegado a una edad en la que soy más vieja que la mayoría: tengo el derecho de decir lo que digo, porque sé de lo que hablo, porque lo viví
– un amigo, muy querido, es policía; nació para eso y hoy lo duda: “no he matado a nadie y me gritan ‘asesino'”
– ¿cómo, de qué manera humana y amable se pide “no se farreen la democracia que tanto nos costó recuperar”?

Y ahora enlazo con el título. Porque en Latinoamérica tengo una voz que probablemente nunca tenga en Chile:
1. siempre he sabido que el que abusa no provoca efectos sólo en él, sino una cadena imprevisible de consecuencias, siempre nefastas
2. los abogados tenemos poder: conocemos un lenguaje que casi nadie más maneja; nos movemos en lo social, en lo académico, en lo público, en lo privado, en los grandes capitales, defendiendo los derechos humanos, en la escena internacional, en el Poder Legislativo; somos unos privilegiados
3. los abogados, justamente por ese privilegio, tenemos una responsabilidad mayor a la que tienen los demás profesionales: no nos hagamos los tontos

Tengo casi 48 años y sé lo que vale una democracia. No estamos en dictadura. Hay formas más inteligentes de lograr cambios que incendiar nuestra red de transporte público y saquear. Ya se logró poner la discusión en la pauta ¿realmente es necesaria la violencia que seguimos viviendo? ¿es legítimo que los poderosos sigan negando la realidad? ¿y es legítimo que gente educada justifique desmanes y violencia, mientras considera que cualquier medida que restablezca el orden público es “represión”? Como en la novela “La ciudadela”, de A.J. Cronin, ¿tiene que llegar la mierda a sus casas para que entiendan?

Abogados de Latinoamérica, atentamente, apliquen equidad antes de que cunda el resentimiento y el odio.

Para terminar, otro regalo: Singapur, de Pablo Chill-E
 

 
No puedes odiarme
Porque soy
El que relato
[My Blood]

 
Sofía Martin Leyton
Directora
Idealex.press

 

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