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La ética en los tiempos de la cyberlaw

“Desde el accionamiento injustificado del sistema de justicia que algunos abogados emplean para dilatar procedimientos, hasta el adoctrinamiento de testigos, o lisa y llanamente el perjurio, son muchos los ejemplos en el mundo legal de malas practicas generadas a partir de una base ética ligera”.

25 Noviembre, 2019 Comparte en:
Luis Enrique Vázquez de La Paz

La necesidad de incluir pensamientos éticos en el desarrollo tecnológico, se vuelve más claro con cada ejemplo y campanada de realidad. A manera de ejemplo, tenemos los algoritmos reclutadores de personal que seleccionan una abrumadora mayoría de hombres o el programa de manejo autónomo que dentro de su sistema de visión de trafico y peatones, tenía dificultades para reconocer a personas de color, los cuales, mientras no se genere un cambio de perspectiva en su creación y desarrollo, seguiremos teniendo estos escenarios que no cumplen con estándares éticos objetivos.

El problema no es sencillo, como lo dejó claro el experimento “The Moral Machine” del MIT, el cual consiste en que la persona debe generar los procesos y decisiones necesarias para “valorar” la vida de diversos sujetos, y al respecto, cualquier elección resultará en hipotéticas fatalidades, por lo que corresponde al elector (jugador), decidir la forma en que debe jerarquizar estas vidas, ya sea la de un menor de edad, indigente, atleta, una persona con sobrepeso o adulto mayor. Las decisiones, evidentemente dependerán del trasfondo de cada persona, pero los resultados no dejan de ser sorprendentes al terminar el examen.

De lo anterior, no puede sino resaltarse la infinidad de escenarios y situaciones que se pueden desprender de un hecho concreto, como la falla en los frenos de un coche autónomo. Incluso dentro de este escenario existen diferentes visiones éticas que pudieran cambiar el resultado material de la decisión, quedando no obstante todas dentro de una ética aceptable.

Cualquiera de estos planteamientos, inequívocamente requieren de una muy desarrollada capacidad de previsión, desarrollo de escenarios complejos y de un juicio crítico, aptitudes que encuentran un adecuado lugar en la profesión legal, sin ellos, sería imposible prever y poder programar en la maquina, las decisiones que deberá tomar en los casos concretos.

No obstante, este “Fit”, en principio ideal, no debe soslayarse que los abogados a la fecha somos catalogados entre los profesionistas con el peor trasfondo ético, según algunas publicaciones, estudios y la misma percepción de la gente que tiene de esta profesión, un calificativo que quizá no refleje correctamente la realidad del gremio en general, pero que si encuentra un sustento en las practicas y costumbres de una parte importante de nuestros pares.

Desde el accionamiento injustificado del sistema de justicia que algunos abogados emplean para dilatar procedimientos, hasta el adoctrinamiento de testigos, o lisa y llanamente el perjurio, son muchos los ejemplos en el mundo legal de malas practicas generadas a partir de una base ética ligera.

Relacionados ambos fenómenos, es que reviste de extrema importancia el resurgimiento de la ética como principio “Sine Qua Non”, tanto para la profesión legal, como para el desarrollo tecnológico.

En particular, los abogados en su marcado papel como defensores teleológicos de la justicia y la ética, tenemos una gran labor pensando en los diferentes momentos de la innovación; la creación de empresas bien fundamentadas con un “compliance” robusto, el normar y encontrar una justa reglamentación a los desarrollos ya existentes, o incluso, desde el génesis, coadyuvar a desarrollar tecnología más justa, una que desde su “Core” contemple el respeto irrestricto a derechos fundamentales.

En algún punto de mi formación, el Dr. Pablo Ayala Enríquez, destacado académico de la ética, nos hacía ver en un ya lejano 2009, que, en los principios y fundamentos de esa materia tan desdeñada por los estudiantes, yacía no solo una extrema necesidad del futuro convulso, sino un instrumento de rentabilidad para el ejercicio profesional.

Una década después, en un mundo donde no todos entregan resultados éticamente viables, aquellos que tengan la ética, justicia y equidad  como columna vertebral de su praxis, serán reconocidos y solicitados con mayor frecuencia por quienes desean la certeza que necesariamente debe existir frente a la interpretación y manejo de las leyes, pero con mayor fuerza, deberían ser los preferidos para soportar el desarrollo de las tecnologías del mañana, aquellas que pudieran o no tomar una vida a causa de un desperfecto.

 

Luis Enrique Vázquez de La Paz es Máster en Derecho por la Universidad Panamericana (México), cursa un porgrama de doctorado en el DID de la ANUIES, es especialista en derecho de tecnologías de la información y catedrático en materias de Derecho de la Empresa.

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