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El agua y la agricultura: necesidad de medidas eficientes

“…la ley del más fuerte y el que mayores recursos tiene, se impone, frente a una deficiente legislación y carencia de políticas eficientes de aprovechamiento”.

3 Marzo, 2020 Comparte en:
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Juan Antonio Arbulú

Quienes hemos trabajado en el sector agrícola directamente relacionados con la regulación y aprovechamiento del recurso hídrico, tenemos claro que hay escasez, que la regulación no ayuda a un buen aprovechamiento y menos lo hace la lucha de empresarios por predar el recurso y emplearlo como mejor les parezca.

Hay que ser claros en precisar que no es ajeno a ello también, el agricultor de pan llevar que en el discurrir del agua aprovecha en desviarla o succionarla, gozando de ella sin derecho que lo habilite. O la autoridad que tan equivocada está cuando “gestiona” mayores derechos como cuando entrega menos cantidad a la asignada, sea quien sea su titular.

Según el Sistema Integrado de Estadísticas Agrarias, la actividad de agricultura de la costa del país constituye el 68% de nuestra producción agrícola y este es el mismo porcentaje de nuestras exportaciones. Sin embargo, esta misma costa que alberga el 53% de la población nacional y que constituye el 80% de nuestra producción, solamente tiene el 1.8% de los recursos hídricos del país.

Esta realidad, junto a nuestros variantes e imprevistos período de sequía y lluvia, crean un escenario muy difícil de controlar, la ley del más fuerte y el que mayores recursos tiene, se impone, frente a una deficiente legislación y carencia de políticas eficientes de aprovechamiento.

Ahora, el futuro no se ve tan prometedor, según el Plan Nacional de Recursos Hídricos, la presión sobre los recursos hídricos hacia el año 2035 incrementaría a razón de 200% a 300% en relación a cómo estaban hace 5 años; es decir, cada vez tendremos más demanda, pero menos recurso por repartir.

Necesitamos generar un sistema realmente integrado para poder manejar de mejor manera el recurso y considero que hay puntos innegociables para lograr este cometido, a saber:

1. Institucionalidad. Como en muchos de nuestros sectores, nuestra administración pública no es moderna, no es eficiente y en bastantes casos, no es ética. Un cambio real y radical para que tenga efectos positivos necesita un refuerzo de sus bases, personal identificado, procesos y conciencia. Un planeamiento estratégico que tenga una visión integral del sistema, por completo, con ejes transversales a trabajar interinstitucionalmente.

2. Es necesario aumentar la cantidad del recurso a repartir, para ello una primera medida debe ser el generar una mayor eficiencia en los sistemas de distribución, trasporte y almacenamiento. Es necesario que haya inversión pública, privada y/o mixta para generar más cantidad y mejores canales, presas, infraestructura hidráulica en general.

Punto clave es el revestimiento adecuado de los canales para disminuir la cantidad de pérdida. No esperemos a proyectarnos con grandes reservorios cuyo planeamiento y construcción pueden llevar muchos años, pero sí obras de menor envergadura, de ubicación y operación estratégica, teniendo en cuenta las zonas de sequía, difícil acceso o demora en la entrega de agua por la distancia.

En este mismo objetivo, debe optarse por la tecnificación de los sistemas de riego. Generar incentivos para que las empresas y agricultores opten por sistemas más eficientes, a través de menores impuestos o fórmulas contractuales en la que el Estado participe en la inversión con algún retorno que impacte además en el beneficiario, como adquisición preferente de productos u otros.

3. En muchos sectores económicos existen enormes cantidades de agua que se pierden después de su primer uso. Necesitamos crear conciencia de re-uso responsable. Podemos integrar esfuerzos en pro de un desarrollo conjunto, donde no haya protagonistas sino líderes que buscan el progreso, y debería ser el Estado un integrador nato.

4. Actualmente existen en muchos casos la obligación de recarga de acuíferos, pero se necesita que esto se cumpla realmente y hayan mejores controles, así como seguir imponiendo esta carga.

Como lo ha señalado la Autoridad Nacional del Agua en su documento “Tareas para la adaptación al cambio climático. Diagnóstico situacional de recarga de acuíferos”, ante los efectos del cambio climático aumentarán las posibilidades de salinización de aguas dulces. En el caso de las aguas subterráneas se reducirán las zonas de recarga y habrá reducción del recurso hídrico subterráneo y su salinización. Por eso es importante evaluar la utilización de la gran capacidad de almacenamiento de los acuíferos para aprovechar las aguas de las inundaciones y regular las actuaciones de la recarga artificial. ¿Y si empezamos a desalinizar el mar con proyectos eficientes?

5. No todas las cuencas tienen déficit, y estos excedentes no son administrados correctamente. Un proyecto de envergadura lo puede constituir la integración de cuencas tomando en cuenta ubicación, recorrido, necesidad y sobretodo, estrategias de desarrollo. Desde el año 1977, el Dr. K.F.S. King, en ese momento Director de Montes de la FAO, advertía de esta necesidad, señalando que en la formulación de los planes (de manejo de cuencas hidrográficas), se deberían tener en cuenta tanto los atributos de la tierra y los recursos hídricos como los factores socioeconómicos que repercuten en el desarrollo de los seres humanos en esa zona en general, y las prácticas de uso de la tierra en particular.

Asimismo, debería contemplarse un apoyo operacional permanente. Sin un control social adecuado del uso de los recursos mundiales de tierras y agua, el desarrollo tecnológico excesivo puede conducir, a largo plazo, al subdesarrollo regional o nacional. Es más, debe haber conciencia del sistema total de suelos y agua, tanto río arriba como río abajo, y de los beneficios interrelacionados que se pueden obtener mediante la aplicación inteligente de la tecnología moderna.

Este tema da para más, una buena opción es generar hidroenergía con recursos renovables no convencionales, pero por el momento, mojémonos todos con pequeños aportes.
 

Juan Antonio Arbulú Celi es abogado por la Universidad de Piura y está cursando un MBA. Ha asesorado externamente a empresas agrícolas y agroindustriales y ha sido parte del equipo legal del holding Coazucar en las empresas azucareras del Grupo Gloria, estando a cargo de los temas regulatorios y derechos de agua.

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