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martes, 20 de octubre de 2020

internacional

José María Alonso: “Lo que ha pasado implica una transformación absolutamente radical”

Este jueves, el Colegio de Abogados de Madrid desarrollará el primer Congreso de Legaltech para el sector. Su decano, adelanta a Idealex.press la importancia de la utilización de estos instrumentos para la eficiente gestión de los despachos jurídicos, y que la pandemia —como era previsible— aceleró a fondo.

- 7 julio, 2020

Claudio Soto
Desde España
csoto@idealex.press
Alonso PuigJ. M. Alonso Puig, Icam

Sin posibilidad de pausas. Así se encuentra trabajando el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid —el más grande y antiguo de España con más de 77 mil asociados—, ad-portas de lo que será este jueves su Primer Congreso de Legaltech, y cuyo programa contempla cuatro mesas en las que intervendrán las máximas referencias de la península en el área.

Lo digital —reconoce su decano, el abogado y árbitro internacional, José María Alonso Puig— no sólo llegó para quedarse, sino que como el mismo lo explica, significa una transformación radical de los despachos jurídicos, en su relación con los clientes, en los procedimientos y en los desafíos que impone a la administración de justicia española, a cuyas autoridades pide normas que den seguridad jurídica.

Mientras afina detalles de un acuerdo con los responsables del ámbito penitenciario en Madrid, para que los abogados puedan entrevistarse por videoconferencia con los internos, sin necesidad de acudir a un centro, conversa con Idealex.press, sobre el aporte de la tecnología en la resolución de los conflictos jurídicos y lo que puede significar esto al interior de los despachos.

—¿Cuáles son los objetivos del Colegio con este primer Congreso de Legaltech?
La incidencia de las nuevas tecnologías en el mundo del derecho y en particular en el mundo de la abogacía es una realidad. Cada vez teníamos que trabajar más con medios digitales. Pero, la llegada de la pandemia lo ha acelerado de una manera muy significativa durante estos casi cuatro meses en que hemos estado confinados. Hemos tenido que trabajar por medios telemáticos, y la convicción que tenemos es que esto ha venido para quedarse. Lo que ha pasado implica una transformación absolutamente radical en dos ámbitos. Primero, en la forma en que vamos a trabajar, que a su vez supone una forma en la que tenemos que relacionarnos con los clientes, con los tribunales de justicia, o en los procedimientos arbitrales. Y, por otra parte, en los retos jurídicos que las nuevas tecnologías van a producir.

En cuanto a la primera parte, y lo hemos visto durante este tiempo, todas las reuniones las hemos tenido por vía telemática; y ha funcionado bastante bien. La verdad es que las plataformas se han ido perfeccionando y se ha hecho muy fácil trabajar de esta manera. Creo que los clientes y las compañías en general están más preparadas. Pero, por otra parte, tenemos el reto de las relaciones con la administración de justicia. Los legisladores elaboran muchas normas recomendando el uso de las nuevas tecnologías en los juicios, pero, en primer lugar, yo no sé si la administración de justicia, por lo menos en España, está bien preparada, si se han hecho las inversiones necesarias para que esto funcione de una manera adecuada. Esta es la gran duda que tenemos.

—Y, de acuerdo con lo que usted señala ¿cuál es entonces la evaluación que desde el colegio se hace del comportamiento del sistema judicial español a raíz de la pandemia?
La verdad es que el sistema judicial no ha funcionado durante la pandemia, los plazos procesales se suspendieron y sólo empezaron a operar a partir del día 4 junio, y, en consecuencia, no hemos tenido la posibilidad de saber cómo estábamos funcionando. A partir de esa fecha si se reanudaron los plazos procesales, se están celebrando algunos juicios y audiencias por vía telemática, sobre todo en materia civil y mercantil.

En el área penal, los jueces están extraordinariamente reacios. Quieren tener delante al justiciable, a los testigos y no les sirven en absoluto los sistemas telemáticos. En la vía civil creo que el tema será más sencillo. Lo que sucede es que aquí en España, lo jueces son los reyes de sus propios juzgados y hay algunos que están más abiertos a la utilización de vías telemáticas, y otros no. Creo que, desde el Colegio de Abogados, tenemos que hacer un seguimiento muy cercano a esto y desde luego criticar aquellos casos en que no se utilizan estos medios, porque entre otras cosas produce una clara inseguridad en qué juzgados tienen que ir presencialmente, o en qué juzgados no tienen que ir.

—¿No hay una línea común respecto a estas materias?
Hay una serie de recomendaciones por parte del Consejo General del Poder Judicial y otras por parte del Ministerio de Justicia, pero no pasan más allá. Una cosa que nosotros echamos en falta es que estas normas tuvieran un carácter mucho más imperativo, y, por tanto, que el juez no fuera libre a la hora de decidir si utiliza un medio telemático o no lo utiliza. Pero, siempre hay en España, una cierta prevención a lo que es incidir en la labor jurisdiccional, y entonces, se puede considerar que de esa manera se está afectando. Creo que son normas de soft low (ley blanda), pero que tenían que ser mucho más imperativas.

—¿La tramitación, audiencias y diligencias remotas en el ámbito jurídico llegaron para quedarse?
Totalmente. Por ejemplo, en las audiencias del procedimiento civil hay dos actos procesales que requieren la presencia de los abogados. Uno, son los de audiencia previa, en la que el juez exhorta a las partes para que se llegue a un acuerdo, para que se intenten solucionar las cuestiones procesales que se hayan planteado y proponer la prueba que se tiene que practicar en el juicio. Creo que eso — y no tengo ninguna duda— se puede hacer por vía telemática, porque ahí sólo están presentes los abogados y el juez, por lo tanto, no hay una presencia de las partes. Incluso, en los juicios, en donde depende también si hay muchos testigos. Pero, una parte muy importante del procedimiento civil se podría hacer por vía telemática.

—¿Qué deberían hacer los despachos jurídicos en materia tecnológica para con sus clientes?
Creo que los despachos grandes, los internacionales están muy preparados en esa línea, y, por lo tanto, los sistemas tecnológicos que tienen son muy sofisticados. El problema está en los despachos pequeños y en los individuales. Lo que estamos intentando hacer, tanto desde el Colegio de Abogados de Madrid, como desde el Consejo General de la Abogacía, es primero, que en aquellos casos en donde necesiten algún tipo de apoyo para la compra de sistemas informáticos, ayudarles. Ayudarles también a la implementación de sistemas de software, en el desarrollo de sus páginas web, en sistemas de gestión de despachos. Creo que la abogacía lo tiene bastante claro, sobre todo la joven, y lo único que tenemos que hacer desde las instituciones es que en aquellos casos en donde no tengan los recursos necesarios, ayudarles a que los tengan. Hay una clara conciencia por parte de los abogados de que ahora hay que trabajar así y que de muchos clientes van a querer ahorrar costes en materia de viajes, y entonces, puedes tener perfectamente una conversación a distancia con tu cliente para poder analizar el caso.

—¿Las formas de resolución alternativa de los conflictos jurídicos, como la negociación y mediación, son compatibles en el mundo digital?
Sin duda. En relación con los medios alternativos de resolución de disputas creo que este es su momento. Nos vamos a encontrar con un sistema de administración de justicia absolutamente colapsado, porque además del colapso habitual que ya viene sufriendo, se van a añadir un montón de reclamaciones, y que de hecho ya se están añadiendo en relación con concursos de acreedores de pequeñas y medianas empresas, recursos contra los expedientes de regulación temporal de empleo, muchos temas relacionados con los conflictos de familia, y luego todo lo relativo a la incidencia de la pandemia en los contratos vigentes. Todo eso va a suponer una cantidad enorme de litigiosidad. Por consiguiente, creo que es el momento para implementar la mediación y el arbitraje como formas de evitar ese colapso.

—Los desafíos recién empiezan…
A lo largo de esta pandemia —y usted sabe que me dedico al arbitraje y al arbitraje internacional— he seguido llevando audiencias con partes situadas en distintos lugares del mundo, y que para ello simplemente era necesario tener cuatro o cinco pantallas en un ordenador. En una, se veía a la persona que estaba declarando y los árbitros, en otra se iban proyectando los documentos, en otro teníamos un canal privado para los árbitros, en otro venían los transcripts (Transcripciones). La verdad ha sido una cosa fantástica. Creo que muchas veces la partes no quieren someterse a arbitraje porque consideran que esto es muy costoso, sobre todo en arbitrajes internacionales, porque hay muchísimos viajes. Pero creo que a través de estos sistemas va a ver un impulso, a mi juicio, extraordinario, y eso es lo que tenemos que convencer desde el colegio a los abogados.

—Los abogados y la tecnología si son compatibles…
Siempre se ha visto la incidencia de las nuevas tecnologías y muy particularmente de la inteligencia artificial como una gran amenaza para la abogacía. Todos sabemos que en este momento hay sistemas que son capaces de preparar las contestaciones jurídicas de la demanda, o en la elección de jurados, y eso ha creado una suerte de preocupación en los abogados en el sentido que máquinas pudieran hacer su trabajo. Eso es verdad, pero al mismo tiempo surge un gran campo de oportunidades. El mundo telemático requiere una regulación jurídica muy amplia y sofisticada. Todo lo que son los ciber riesgos, el ciber crimen, las ciber amenazas, como preservar y resguardar la confidencialidad en los procedimientos. Todo esto requiere de una regulación jurídica. Animo a los abogados a que se metan en ese tema porque hay muchas oportunidades de trabajo y una regulación aún muy escasa.

Foto: ICAM-Comunicaciones.

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