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viernes, 27 de noviembre de 2020

literatura

Frederik Forsyth: La lista

“El teniente coronel Kit Carson, alias el Rastreador, un exmarine experto en lengua y cultura árabe, asume la más difícil de todas sus misiones: ubicar y “neutralizar” al Predicador”.

- 2 junio, 2020

Arturo Ferrari

Había anunciado que “La lista” (2016) sería su última novela. La astucia y destreza de sus personajes para escurrirse ante cualquier peligro le sirvieron para faltar a su palabra y no sentir remordimiento. También aprendió a echar la culpa a los demás, practicando así una suerte de escapismo; una herramienta que ha utilizado con éxito a lo largo de toda su carrera. Frederik Forsyth (1938), en una entrevista al diario ABC de España (2019) como parte del lanzamiento de “El zorro” (esta sí, hasta el momento, su más reciente obra), señaló a su agente literario y a su esposa como los culpables de retomar, doblegando así una decisión que parecía inamovible, su oficio de escritor. “Esta es mi despedida”, había dicho de manera tajante, apenas tres años antes, cuando le preguntaron si estaba diciendo la verdad. Fue solo una farsa.

Defensor del Brexit (“la Unión Europea, en su encarnación actual, está condenada al fracaso”), ferviente creyente que nos encontramos en una nueva Guerra Fría (“Putin está intentando recrear a su manera la Unión Soviética”), duro crítico de la forma como el gobierno de su país encaró el coronavirus (“su principal error fue pedir consejo al sector público y no al privado que sabe que si falla, quebrará, escribió en su columna del Daily Express”) y declarado enemigo de la China (“está reclamando islas y construyendo buques de guerra”).

Forsyth dijo a El País durante la campaña de promoción de La lista que no apoyaba la pena de muerte aunque sí la ejecución de terroristas identificados (“en la guerra hay que matar al enemigo”). Lo imagino frotándose la manos frente a su televisor al enterarse que el general iraní Qasem Soleimani, líder de la fuerza de élite Al Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán, había sido “pulverizado” después que el vehículo que lo transportaba a la salida del aeropuerto de Bagdag recibiera una andanada de misiles provenientes de un dron (solo pudo encontrarse de él un dedo que llevaba su anillo).

“La lista” recorre una multitud de escenarios que pareciera que ya conocemos: cuarteles repletos de espías, bandas de piratas somalíes que pululan en el océano Índico a la caza de buques mercantes, soldados que se desplazan en la noche por el desierto buscando a quien se les ha encargado eliminar, interrogatorios implacables. La dosis de realismo inyectada por Forsyth (pasó una temporada en Somalia, escenario principal del libro) funciona como el acicate perfecto durante toda la trama.

El teniente coronel Kit Carson, alias el Rastreador, un exmarine experto en lengua y cultura árabe, asume la más difícil de todas sus misiones: ubicar y “neutralizar” al Predicador. De él los servicios de inteligencia saben poco o nada. Sus sermones en Internet, contaba con una considerable base de admiradores, incitan a jóvenes musulmanes radicalizados a matar a quien tenga la mala suerte de cruzarse por su camino. Encontrar su guarida es objetivo número uno de la Casa Blanca e ingresa a formar parte de la lista secreta que en el despacho oval revisan semanalmente.

Detectar un enemigo tan escurridizo merecía una solución ajena a la prevista en un manual. Carson recurre a un joven que sufría de agorafobia aguda (miedo a los lugares y espacios públicos) que no acostumbraba salir del desván de su casa, pero que había desarrollado un talento fuera de lo común para descifrar cualquier cosa que el ciberespacio le pusiera en frente. El Predicador por fin tenía un enemigo que estaba a su altura.

Dar con el Predicador reúne el estilo preferido de Forsyth. La adrenalina salta de cada página. Cada paso y decisión que toma el Rastreador pareciera que nos tuviera a su costado, listos para arrojarnos en paracaídas a cumplir con una misión en un inhóspito paraje. No esperemos encontrar un exhaustivo desarrollo psicológico del perfil de cada uno de los personajes ni devaneos de corte intelectual. Forsyth anda en lo suyo, fabricando historias que se leen de un tirón. Esperemos que así sea siempre.

 

*Arturo Ferrari es Gerente de comunicaciones de Muñiz, Olaya, Meléndez, Castro, Ono & Herrera Abogados

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