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jueves, 1 de octubre de 2020

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COP 25: la importancia del océano

“…la absorción de Co2 por parte de los océanos está causando la acidificación de sus aguas, lo que trae aparejado riesgos a la seguridad alimentaria, pues se proyecta una disminución de captura de las pesqueras…”.

Yeny Silva Barría - 9 diciembre, 2019

Yeny Silva Barría

La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMCC) surgió durante la Cumbre de la Tierra, en Río de Janeiro, Brasil, en el año 1992. En términos simples, lo que busca la CMCC es establecer condiciones básicas para combatir el cambio climático.

Por su parte, la Conferencia de las Partes (COP) es la sigla que se refiere a la cita de los suscriptores de la CMCM, es decir, a los 196 Estados más la Unión Europea. A la fecha, se han efectuado 24 de estas cumbres, estando actualmente en curso la celebración de la COP 25, en la ciudad de Madrid.

Los resultados más destacables han sido el Protocolo de Kioto en 1997 y el Acuerdo de Paris de la COP 21, el cual es el gran compromiso de lucha contra el cambio climático a nivel mundial.

De acuerdo a lo expresado por la Ministra del Medio Ambiente de Chile, país que preside la COP 25, el énfasis de la versión 2019 ha estado puesto en incorporar la temática de los océanos dentro de la discusión. Lo anterior se vio materializado en el cuarto día de la conferencia cuando el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) presentó un informe especial centrado en estos cuerpos de agua.

Las conclusiones fueron alarmantes: el calentamiento de las aguas producto del cambio climático con la consecuencial pérdida de oxígeno es una amenaza en extremo grave, que ya está afectado a algunas especies y ecosistemas; además de generar un aumento progresivo del nivel del mar por el derretimiento de hielo de Groenlandia y las capas de hielo Antártico, lo que podría generar el desplazamiento de gran parte de la población que habita zonas costeras.

Por otra parte, la absorción de Co2 por parte de los océanos está causando, además, la acidificación de sus aguas, poniendo en riesgo la vida marina, lo que no sólo es extremadamente nocivo desde el punto de vista ecológico, sino que trae aparejado riesgos a la seguridad alimentaria, pues se proyecta una disminución de captura de las pesquerías.

No podemos olvidar que el planeta es un 75% agua de mar, siendo un factor clave en la regulación de la temperatura de la tierra, los fenómenos climáticos y la producción de gran parte del oxígeno que necesitamos para sobrevivir.

El anuncio de Chile de la creación de una Plataforma de Soluciones para el Océano, como herramienta tecnológica para la recopilación de información y evidencia científica global, parece una muy buena iniciativa, pues con más información es posible que los gobiernos locales puedan adoptar políticas públicas más adecuadas de acuerdo con su situación. Sin embargo, teniendo presente la envergadura del problema, cuyas consecuencias pueden ser irreversibles, como la pérdida de ecosistemas marinos únicos, es necesario un compromiso más serio y profundo que contenga metas y plazos ciertos.

Chile es el décimo país con mayor territorio marítimo y primero en América Latina con mayor superficie de mar, presentando una alta dependencia económica, social y cultural de él, dejándolo especialmente vulnerable a los efectos del cambio climático en el océano.

El Comité Científico COP 25, designado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile, propuso implementar un Sistema Integrado de Observación del Océano Chileno para aportar datos que ayuden a entender el cambio climático y sus efectos en el país. En la actualidad contamos con una escasa capacidad de observación y monitoreo continuo de los océanos, con sólo 10 boyas oceanográficas costeras en total y un limitado número de sensores superficiales, administrados por diversos centros de investigación científica.

Asimismo, el citado Comité ha propuesto actualizar el plan de adaptación al Cambio Climático en Pesca y Acuicultura de manera de fortalecer la capacidad adaptativa de tales sectores, fomentado el desarrollo de estas actividades económicas de forma más sustentable.

La decisión de Chile de dirigir los esfuerzos hacia el océano es el camino correcto, urgente y necesario, que requiere un compromiso real y serio por parte de todos los sectores, no sólo políticos, sino también económicos, sociales y científicos.

 
* Yeny Silva Barría es abogada, especialista en derecho ambiental y trabaja en el Servicio de Evaluación Ambiental.

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