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Universidades

Derecho de la U. de Chile avanza en su modernización

En el proceso de reflexión miraron planteles extranjeros, como la UNAM, UBA, São Paulo, y otros de EE.UU. e Inglaterra, además de universidades pequeñas chilenas. En mayo esperan tener ya terminada la matriz de competencias del futuro egresado.

24 Marzo, 2017 Comparte en:
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S. Martin

Ya lo habíamos adelantado: en un artículo publicado en noviembre, contamos que la Facultad de Derecho de la U. de Chile estaba realizando una encuesta on line a sus egresados, donde preguntaba sobre diversas competencias que debiera tener un abogado de esa universidad, buscando además definir un perfil.

El miércoles 22, en una hora bien aprovechada, el profesor Rodrigo Valenzuela dirigió el “Conversatorio Nuestro perfil de egreso“, donde comenzó haciendo una introducción a profesores, alumnos y egresados presentes en el Aula Magna, entregando información, algunas cifras y pidiendo a quienes tuvieran algo que aportar, que lo hicieran, pues la sesión estaba siendo grabada y toda sugerencia sería evaluada.

El académico explicó que la encuesta on line había sido respondida por un 25% de los alumnos; que la mitad de los profesores también lo hizo; y que de los egresados, fueron 700 quienes dieron su opinión.

Se trata de un proceso de innovación curricular, que se tiene previsto comenzar en 2019 y que no sólo implicará una malla distinta de asignaturas, sino formas de enseñanza y evaluación diferentes.

Una comisión compuesta por 22 personas —17 profesores y 5 alumnos— es la que ha estado trabajando en una nueva definición del licenciado en Ciencias Jurídicas que quiere formar y, en definitiva, el tipo de abogado que en el futuro representará a esa facultad, labor que debería terminar en mayo de este año.

Además de la encuesta, Valenzuela contó que se conversó en profundidad a representantes de entidades, como el Ministerio Público, la Contraloría General de la República, la Fiscalía Nacional Económica, a la Academia Judicial y a ministros de Corte. Pero también se le pidió la opinión a la Fundación ProBono y a ONGs, así como a estudios grandes y medianos. “Fue mediante entrevistas y fue muy interesante; hubo mucha transversalidad en las respuestas y se habló tanto de fortalezas como de debilidades”. De estas últimas, dijo que se repetía bastante la dificultad que tenían los egresados para trabajar en equipo.

Sobre eso, la comisión evaluó lo hecho por los pares. Fue así como analizó a la UNAM (México), la UBA (Argentina), São Paulo (Brasil), algunas universidades públicas del oeste de Estados Unidos y otras privadas en el este, así como planteles de Inglaterra y Francia. Lo inesperado fue que Valenzuela comentó que se incluyeron en la investigación a varias universidades pequeñas en Chile, lo que resultó “muy enriquecedor”.

Con todos los insumos anteriores, se generó una matriz de competencias. Tras una primera propuesta entregada en enero, se estaba dando a conocer una versión final —que ahora debe pasar al Consejo de Facultad— para escuchar comentarios de profesores y estudiantes, considerarlos y decidir si serían incorporados en la matriz.

Destacó que ya había profesores cuyas clases habían incorporado estas competencias: “Vamos a aprovechar toda esa experiencia interna”.

Los comentarios de la audiencia

– Falta que el abogado desempeñe su encargo eficiente y en forma oportuna, defendiendo bien los intereses de su cliente
– Hacer ver cómo se integran los profesionales en trabajo en equipo
– Por qué se enseñan ciertas asignaturas
– Un segundo idioma está bien, pero no es suficiente para relacionarse con el mundo. Hay que ir más allá: entender el raciocinio jurídico de los anglosajones
– El egresado debe ser un agente activo y consciente del desarrollo sostenible
– Falta algo sobre teoría del conflicto. No se recoge la resolución alternativa de conflictos. No es extraño que a nuestros alumnos les cueste dialogar
– Si queremos un abogado moderno que responda a la ciudadanía, tenemos que tener un abanico más amplio. Ahí está nuestra deuda.
– Que el abogado no sea tan apegado a la norma
– Extraño en el perfil el reconocimiento del rol político del abogado
– Falta también la mención de la justicia, el sentido social de la profesión, formas prácticas de entenderlo; lo que nos une como estudiantes de Derecho de la U. de Chile
– Cómo debería ser nuestra sala de clases y los alumnos dentro de ella. Las aulas y las dinámicas debería promover la colaboración y el trabajo en equipo, sin que necesariamente terminen en una evaluación
– Que los alumnos se perciban a sí mismos como agentes de cambio
– Salimos como licenciados en ciencias jurídicas y sociales, pero falta lo social. La integración que se propone es muy vaga
– La igualdad de género va más allá de un ramo electivo o de un optativo. Deberíamos tender a que haya más profesoras, más autoras de libros, tomadoras de decisiones y que se eliminen las diferencias de sueldos entre hombres y mujeres (opinión de un estudiante varón)
– No me resulta claro si el estatuto de la universidad fue tomado como insumo. Eso es ley, es su marco regulatorio. Me parece muy bien que se incorporen temas novedosos, como el de género, pero que el entusiasmo no nos haga olvidar que el tema de género es mucho más específico que el de ética (opinión de un profesor varón)
– Si seguimos la tesis numerológica, no me agrada que en el número 1 esté una competencia que en el mundo jurídico global está en retirada (el conociminto de la ley). Enseñamos las instituciones al modo occidental únicamente y ojalá no enseñásemos norma o derecho positivo, sino que nos concentráramos del 2 en adelante. La jurisprudencia se motiva cada vez más en doctrina extranjera y fallos que se basan en principios. La Corte Suprema está fallando cada vez más contra ley.
– Los profesores no forman a sus estudiantes como ayudantes. Son excepciones los casos.
– Hay muy pocas profesoras mujeres, hay pocos cupos para ellas. Las mujeres tienen pocas instancias para escribir. Debemos potenciar su continuidad en el ámbito académico.

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