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Columnas Opinión

Los abogados también lloran

“Cualquiera podría pensar que es la falta de dinero, pero no, a un abogado joven lo único que es capaz de hacerlo llorar es una jornada extensa, que le impida gozar de sus fines de semana…”

17 Marzo, 2016 Comparte en:
Matías Ortúzar

Aunque para algunos parezca difícil, los abogados, como individuos de la especie humana, también lloran. No es fácil, pero créanme, sucede. Las causas son múltiples, pero distintas a las que habitualmente harían llorar a un ser humano normal.

Por ejemplo, para los abogados jóvenes de estudios jurídicos, la causa es fácil: la jornada. Cualquiera pudiera pensar que sería la falta de dinero, pero no, a un abogado joven lo único que es capaz de hacerlo llorar es una jornada extensa, que le impida gozar de sus fines de semana porque al socio se le ocurrió que revisara un contrato de 300 páginas el viernes en la tarde. Pero con el tiempo, a estos abogados se les pasa la pena.

A los abogados mayores que los recién titulados, que también trabajan en un despacho, esos que están entre los 30 y 35 años, lo que los hace llorar es la incertidumbre. Pónganse en su lugar, llevan 5 a 10 trabajando duramente, dejando la piel en la oficina, sacrificando tiempo familiar, pasatiempos y salidas con amigos por cumplir con su deber, cuando ven salir las primeras canas o que ya no les queda pelo en la cabeza.

Estos abogados no saben si irse a estudiar al extranjero, bajar la carga de trabajo cambiándose a una empresa o al sector público, o armar su propia firma. Los abogados más senior (ojo: “senior” como en el tenis, es decir, a los 35 años), lo que los hace llorar es la incertidumbre de no saber si serán socios del estudio en el que trabajan. Pero tarde o temprano, a estos abogados también se les pasa la pena.

Ahora, lo que sucede con los abogados de empresa es dramático. Viven una vida feliz, de paz y tranquilidad que dura hasta los 50 años, cuando la compañía se da cuenta de que puede contratar a un profesional 10 años menor, por la mitad de sueldo, cumpliendo las mismas funciones. Si bien éste es el más duro de los llantos, es el de más fácil solución: la reinvención.

* Matías Ortúzar M. es gerente de procesos de Idealis Legal Recruitment

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