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Columnas Opinión

Guanxi y negocios sucios

“En mandarín describe el conjunto de relaciones de alguien: familia, ex compañeros de estudios, amigos, colegas y más. (…) Usando el dicho “el hilo se corta por lo más delgado”, en Chile parece que el hilo no se corta nunca, sino más bien se une a otros hilos, se refuerza y sigue tirando”.

1 Febrero, 2016 Comparte en:
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Matías Aránguiz

Para hacer negocios en China todo el mundo repite la importancia del “guanxi”. Guanxi, en mandarín (pronúncialo suave con una mezcla entre xi y shi), describe el conjunto de relaciones de alguien: familia, ex compañeros de estudios, amigos, colegas y más. En Chile es similar a las preguntas —que nos hacen en cualquier entrevista de trabajo— ¿en qué trabajan nuestros padres?, ¿a cuál colegio asistimos? o ¿dónde pasamos las vacaciones?

En China, con buen guanxi (casi) todo puede ocurrir. Encontrar oportunidades de negocio rápidamente, salir de algún aprieto comercial y, hasta hace un par de años, liberarse de responsabilidades criminales y políticas.

Digo “hace un par de años”, ya que desde la llegada del presidente Xi Jinping el guanxi perdió su poder de impunidad. Al comienzo del mandato su promesa fue clara: “se cazará a tigres y moscas”, haciendo alusión a los altos funcionarios y a los de “medio pelo”. Ese trabajo de limpieza está funcionando y el Gobierno ha procesado suficientes personajes para producir el efecto de prevención general de los delitos.
Tanto ha sido el esfuerzo gubernamental que hace un par de días lanzó una aplicación para celulares en la cual se puede denunciar anónimamente actos de corrupción. Junto con ello, para reforzar la política de tolerancia cero, el 12 de enero se dictaron nuevas normativas y se busca crear un nuevo “grupo de trabajo leal, limpio y responsable para la inspección y disciplina, con personas que sean leales al Partido Comunista y representantes del Pueblo”.

Esta política anticorrupción ha generado un cambio de paradigma: los 54.000 oficiales estatales que fueron investigados en 2015 nos dicen que el guanxi ya no es suficiente, el dinero no es suficiente, la política no es suficiente. La promesa del Gobierno es que todo el que tenga que caer, va a caer.
A comienzos de diciembre, Guo Guangchang, del Grupo Fosun, fue detenido por la policía por cuatro días para cooperar en una investigación. Estamos hablando del millonario número 17 de China. En enero, otro millonario, Zhou Chengjian, fue tomado por las autoridades para ayudar en investigaciones. A ellos se suman los casos: “Los príncipes y JP Morgan”, “ex Ministro de ferrocarriles”,” Citic Securities”, presidentes del “Banco Minsheng” y del “Banco de la Agricultura”.

Pero esto no sólo pasa a grandes empresas o políticos. En lo que nos toca ya ha habido dos investigaciones y sanciones para diplomáticos de Uruguay y de Perú por tratar con mafias locales en la venta de visas.

Las empresas extranjeras instaladas en China siguen la misma suerte. El desarrollo en sistemas de monitoreo, revisión tributaria o el control de actos contrarios a la libre competencia ha aumentado. La necesidad que tienen las empresas extranjeras de actuar conforme a derecho se ha transformado en un requisito fundamental para hacer negocios en China. En las ocasiones en que clientes o amigos son advertidos de conductas que rozan el límite o están fuera de la ley la respuesta es estándar: “pero es que todo el mundo lo hace así” o “es que tengo amigos/guanxi en tal o cual oficina de gobierno que me ayuda con eso”; no obstante, todo el mundo está equivocado o todos los amigos/guanxi van a escapar cuando haya un problema.

Hoy el guanxi es una agravante al momento de una investigación o un proceso. Tener buenos contactos prende alertas inmediatas y haber usado esos contactos tiene consecuencias incontrolables.

Paradójicamente, la misma situación en Chile tiene una lógica inversa. El “guanxi chileno” parece ser una excepción procesal. El último tiempo hemos visto cómo buenos contactos liberan de responsabilidades. Esas responsabilidades no sólo no se traspasan, sino que nadie las asume; siempre parece haber otro, quien podría eventualmente haber hecho un poco más para darse cuenta de que posiblemente habría un hecho o conducta de posible interpretación contraria a alguna norma. Usando el dicho “el hilo se corta por lo más delgado”, en Chile parece que el hilo no se corta nunca, sino más bien se une a otros hilos, se refuerza y sigue tirando.

Deng Xiaoping decía para cruzar el rio hay que dar pequeños pasos por las piedras. China está cruzando el río; sin embargo, parece que los ríos de Chile son muy fríos y nadie se atreve a meter las patitas.

* Matías Aránguiz Villagrán es chileno, abogado UC, y estudia un master en Finanzas en Shanghai. Antes de viajar a China trabajó en el estudio Philippi y en el Ministerio de Justicia.

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