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Editorial

Las odiosas “pretensiones de renta”

“Aunque voces tradicionales hablen de la confluencia entre oferta y demanda, existe un ‘justo precio’. Y ese número puede bajar al negociar beneficios de jornada, no exclusividad o un aumento salarial futuro asegurado…”

16 Agosto, 2017 Comparte en:
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Salvo honrosas y felices excepciones, cuando un abogado —o un ciudadano cualquiera— busca trabajo, lo usual es que esté en una situación de desventaja y asimetría con respecto a su eventual futuro empleador.

Si nos remitimos a la mayoría de los casos, en esta relación de poder, quien soporta la carga económica y emocional es el postulante.

Es descorazonador oír a abogados recién titulados con qué angustia piden consejo sobre qué responder cuando en una entrevista les hacen la consabida pregunta “y cuáles son tus expectativas de sueldo”. Cómo no quedar fuera del proceso por caro, o quedar mal pagado por haber dado una cifra muy baja, es la interrogante que tiene pocas respuestas.

Hacer investigación previa, leer la prensa, y preguntar a amigos y profesores puede ayudar con las fatídicas pretensiones de renta o aspiraciones salariales. Y tener respuestas ambiguas también. Pero qué pasa con las postulaciones vía formulario de internet, en donde no puedes pasar de etapa si no completas el ítem. Si se trata de una base de datos para que te tengan presente en algún proceso de selección, no hay gran problema: cuando se presente una oportunidad específica ya verás qué hacer. Pero cuando estamos postulando a un trabajo específico, la apuesta tiene riesgos que ningún trabajador, profesional o no, debería correr.

Porque aunque voces tradicionales hablen de la confluencia entre oferta y demanda, mi opinión es que existe un “justo precio”. Y ese número puede bajar al negociar beneficios de jornada, no exclusividad o un aumento salarial futuro asegurado por escrito.

El llamado es a la transparencia: nadie quiere quedarse sin trabajo por haber dado el número equivocado. Nadie quiere quedar amarrado con un mal sueldo, simplemente porque no sabía cuánto estaba dispuesto a pagar el empleador.

Quien tiene el poder, quien tiene el sartén por el mango, es el estudio o la empresa que busca una contratación. Y en ese escenario, es mucho más equitativo que transparente su rango presupuestario.

 
Sofía Martin Leyton
Directora
Idealex.press
@Idealex_press

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