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Editorial

“En mis tiempos era obvio que los gerentes de RRHH eran abogados; ahora no hay ni uno”

“Nos han educado en una soberbia que nos distingue por su estigma. Porque hay todo un mundo allá afuera, compuesto de universos individuales de una riqueza y sofisticación que no entendemos ni nos importa no entender; que en nuestra omnipotencia creemos no necesitar”.

11 Mayo, 2016 Comparte en:
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La frase “En mis tiempos era obvio que los gerentes de RRHH eran abogados; ahora no hay ni uno” es una cita casi textual de lo que dijo ayer un abogado de la U. de Chile, titulado hace unos 20 años, que da clases, y cuya área de especialización profesional es el derecho laboral.
 
Si bien se entiende que es una afirmación general, sostenida en su calidad de asistente, en el contexto de una conversación al final de una charla sobre la ética de los abogados, quisiéramos ir sobre las causas detrás de ese fenómeno.
 
Es verdad que los abogados hemos perdido terreno en áreas como recursos humanos, economía y empresa con respecto a la historia. La pregunta que aquí queremos hacernos es por qué.
 
No la podemos contestar en forma precisa y con cifras sin hacer un estudio previo; lo que sí podemos hacer, conociendo la industria, es mostrar una fotografía del mercado legal en Chile, que se diferencia poco del resto de la región.
 
Derecho es una de las carreras que de manera más completa prepara a un profesional. Las leyes involucran la gran e inmensa mayoría del quehacer humano con regulaciones escritas en un lenguaje incomprensible para el ciudadano común, e incluso de difícil interpretación para aquellos que cuentan con una educación sólida.
 
Este dominio de este idioma específico se suma a la capacidad analítica, de inducción y deducción, que desde primer año se forma en los estudiantes. El manejo teórico de diversas variables, subsumir un conflicto a la norma jurídica aplicable, resolver problemas de jerarquía y especialidad, son todas habilidades que preparan al cerebro del abogado de una manera muy completa.
 
Aparte de lo anterior, entran en juego las dinámicas de las distintas materias. La filosofía que encierra una norma penal no es igual a la de una norma en derecho de familia ni a una de derecho comercial. Toda esta diversidad se traduce en versatilidad.
 
El problema es que no basta. Porque estamos hablando del universo microscópico que existe en una bolita que está dentro de un canasto donde hay cientos de bolitas, cada una con su universo propio.
 
En Derecho, el primer problema —lo que muchos estudiantes y egresados reclaman— es que son pocas las cátedras donde se estimule la creatividad, pocos los profesores que hagan verdadero análisis, que trabajen con el absurdo, que revelen la trama de los casos reales en los que se traducen las disposiciones legales que el alumno debe memorizar.
 
Pocos enseñan a que sea el estudiante quien identifique todas las posibles vías de acción ante un problema jurídico cualquiera, sean o no legales; y al no “aterrizar” los conocimientos como método de enseñanza se está coartando la creatividad que surge de ese ejercicio mental.
 
No se trata de que al ejemplificar o trabajar con casos los alumnos pueden llegar a pensar que esos ejemplos o casos son los únicos a los cuales se aplica una norma específica, dejando de lado los principios generales. Nada más lejano de las tremendas capacidades de un estudiante de Derecho.
 
Por el contrario, al bajar la norma a múltiples casos concretos, el cerebro continuará buscando aplicaciones, surgirán las analogías, las contradicciones, las excepciones y los falsos positivos.
 
Pero, en segundo lugar, a los abogados se les enseña que son seres superiores; se les transmite consciente o inconscientemente desde el día 1. Y caminan levitando como los médicos. Por ende, ¿sicólogos? de qué sirven; ¿sociología? neee; ¿marketing? qué ordinariez; ¿ingeniería? claro, sirve para hacer edificios; ¿educación parvularia? porque no les dio el puntaje para otra cosa; ¿informáticos? son puros “técnicos” y para qué aprendo si hay alguien que lo soluciona por mí… y así, suma y sigue, que la lista es infinita.
 
Esta forma de pensar, autonutriéndonos de lo mucho que aprendimos, de la relevancia social de lo que sabemos; de la dificultad en la adquisición de nuestros conocimientos, nos ha llevado a una soberbia que nos distingue por su estigma. Porque hay todo un mundo allá afuera, compuesto de universos individuales de una riqueza y sofisticación que no entendemos ni nos importa no entender; que en nuestra omnipotencia creemos no necesitar.
 
Y por mientras… el planeta sigue girando, la sociedad continúa evolucionando y los abogados se van quedando atrás.
 
 
Sofía Martin Leyton
Directora
Idealis Lex Reports
@Idealex_press

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