Suscríbete
Columnas

Latinoamérica es la droga sin restricción

“Nos encontramos ante el momento más oscuro con respecto al desarrollo de conciencia social en nuestra región. Vivimos en países en donde reina el ‘sálvese quien pueda’. Es momento de reformar nuestro malum in se para volver a estructurar nuestros valores éticos…”

30 Abril, 2019 Comparte en:
LatinoaméricaSofía Martin
Marco Antonio Ruiz Martínez

En Latinoamérica la población popular es más vulnerable a conflictos sociales, territoriales y narcotráfico. También de salud y educación, mientras que la población burguesa presenta mucha más facilidad en la educación, en la salud y en lo cultural. Como resultado de ello, no es de sorprendernos que los principales dirigentes y proyectos empresariales con éxito comprobado, hayan surgido y continúen haciéndolo, desde las clases más acomodadas de nuestro territorio.

El conocimiento es poder, la cuestión es que harás con ese poder. Hablando de poder, encontramos que en Brasil, Perú, Panamá, Guatemala, el Salvador y Honduras, tienen a ex presidentes con procesos penales por delitos de corrupción y lavado de activos.

Ante este escenario latinoamericano, vale tener cuestionamientos de integridad y valores éticos; hacer frente a paradigmas y preguntarnos ¿qué somos y para que estamos en este mundo? y si las leyes que imponen los gobiernos, sirven para proteger nuestras culturas o si van en contra de ellas. ¿Será que no calará jamás en la población de América Latina el espíritu de legislaciones que busquen mejorar la ética empresarial?

Siempre he sido de la opinión que los lineamientos básicos de ética e integridad, deberían de nacer de los gobiernos, proyectándose directamente en el sector empresarial estatal e irradiarse al sector empresarial privado. Una suerte de Tone from the top.

Con lineamientos básicos de ética e integridad me refiero a temas fundamentales como decir la verdad y evitar la mentira, actuar bien sabiendo que vas en contra de la ola, y no actuar mal para quedar bien; y evadir enfrentamientos que rompan paradigmas culturales.

Veamos el caso de las normativas de compliance de Argentina (Ley N° 27.401) y Perú (Ley N° 30424) en ambas legislaciones se presenta la exención de responsabilidad de la persona jurídica, siempre y cuando se haya implementado adecuadamente un modelo de compliance en el seno de su organización. El modelo adecuado de compliance debe contar con elementos básicos como “un canal de denuncias”, el cual sirve para que los colaboradores participen activamente de la cultura de compliance, denunciando eventos, que desde su punto de vista generen riesgos a la organización.

En cristiano mal entendido, significa que tu compañero de trabajo, será un constante espía y que en el momento de observar una conducta inadecuada de tu parte, procederá a denunciarte.

A las personas que tienen como parte de su comportamiento estos rasgos de delación, se les conoce como “buchones” o “sapos” en Argentina y “soplones” o “acusetes” en Perú. Estos términos tienen una connotación social negativa. Por lo contrario en países anglosajones —de donde nacen las reglas correspondientes al compliance— sí es frecuente y aceptado denunciar un evento de riesgo corporativo.

Es en este punto es donde nos damos cuenta que la corrupción latinoamericana es sistémica y no marginal, por lo que no pretendamos encontrar la solución a la corrupción, elevando las penas por la comisión de delitos o realizando un cambio en el Poder Judicial.

Me atrevo a decir, que nos encontramos ante el momento más oscuro con respecto al desarrollo de conciencia social en nuestra región. Vivimos en países en donde reina el sálvese quien pueda. Es momento de reformar nuestro “malum in se” para volver a estructurar nuestros valores éticos y lograr el desarrollo adecuado de nuestras instituciones.

Sin embargo, el momento más oscuro de la noche, es justo antes del amanecer, y que si bien se evidencia que lo que une a América Latina, aparte de la lengua, es la casi absoluta corrupción de la parte gobernante, nuestros pueblos también se caracterizan por su solidaridad y empatía con el vecino sufrido, porque seguramente nosotros mismos hemos pasado por una historia similar.

Solidaridad y empatía son la clave para el fomento de una cultura de confianza, ética, integridad y de cumplimiento normativo, en todos los niveles de la sociedad.

Repasemos nuevamente la Ley N° 27.401 de Argentina y la Ley N° 30424 de Perú, legislaciones ambas en las que encontramos a “las capacitaciones periódicas sobre los programas de compliance” como otro elemento fundamental para que estos sistemas de gestión se implementen adecuadamente.

En ese orden de ideas, y partiendo de la base que lo que no se comunica no existe, es principal que las organizaciones que han optado por implementar un programa de compliance, recurran a especialistas en la materia para que capaciten y concienticen a sus colaboradores, plana gerencial y directores sobre la cultura de compliance que se ha instaurado en su organización.

Concluyo que sólo capacitando y concientizando gradualmente a los miembros de la organización sobre los lineamientos de conducta que se espera de ellos, se podrá obtener un resultado óptimo y real cambio en su proceder laboral, reflejándose en cada uno de sus hogares.

Latinoamérica no es la droga sin restricción; no es el sexo sin protección; ni el cigarrillo sin filtro, es una población solidaria y empática, que va tomando conciencia de su propia responsabilidad sobre internalizar la cultura de confianza, ética, integridad y cumplimiento normativo en nuestro territorio.

 
* Marco Antonio Ruiz Martínez es abogado de la Universidad de Lima e hizo un Máster de Derecho Internacional de los Negocios con especialidad en compliance corporativo por ESADE Business Law School (España). Es investigador y especialista en compliance y legislación anticorrupción y es director de Corporate Compliance, Operaciones y Proyectos en Escudo Azul.

Comparte en: