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Columnas

La nueva guerra fría: los datos

“Quizás de una manera feroz, los ciudadanos comienzan a entender que sus propias preferencias y las de sus amigos y familiares pueden ser recopiladas y almacenadas de forma perpetua…”

3 Abril, 2018 Comparte en:
la nueva guerra fríaRossi Asociados
Claudia Rossi

Los titulares de los últimos días acerca de las guerras comerciales que se han provocado por los nuevos aranceles impuestos por el Presidente Trump podrían dar cuenta una gran alarma y afectación a la economía mundial, pero la guerra más grandilocuente que se presenta hoy, que es un tipo de conflicto más silencioso, es la nueva guerra fría que se da en relación con los Datos Personales y la manipulación de la información. Si bien la crisis de Facebook/Cambridge Analytica se presenta como la más reciente y controvertida de este tipo, las tensiones podrían incrementar aún más el 25 de Mayo de 2018, cuando entre en vigencia la Regulación General de Protección de Datos de la Unión Europea (General Data Protection Regulation o “GPDR”).

La guerra fría que conocemos hasta ahora ha sido un enfrentamiento entre las democracias capitalistas occidentales, lideradas por los Estados Unidos de Norteamérica, contra las dictaduras comunistas, lideradas por la la ex Unión Soviética (Rusia), donde compiten por el predominio entre distintos puntos de vista en un escenario global.

Finalmente, esa batalla no se ganó con armas, sino que debido a la gran capacidad productiva de las potencias de Occidente.

Es así como el capitalismo triunfó al proporcionar bienes de consumo, como televisores y automóviles, pero también libertades políticas a una clase media en expansión, mientras que el comunismo fracasó por su incapacidad para ofrecer tales recompensas.

La sociedad que ofrecía más a sus ciudadanos, era la que finalmente ganaba al fin del día.

Pero hoy la guerra fría es otra y los estadounidenses están recién entendiendo “el poder de los datos”.

La amplia cobertura de los medios de comunicación sobre la interferencia rusa en sus elecciones presidenciales y el uso indebido de Facebook y otras plataformas de medios sociales para influenciar a 126 millones de estadounidenses ha servido como una forma de educar al público estadounidense sobre cómo los datos personales aparentemente inocuos pueden ser objeto de usos insospechados, incluso en su contra.

Al menos, debemos agradecer a Facebook que haya planteado el debate en el ciudadano común y corriente, titular en definitiva de esos datos, en todo el mundo.

Quizás de una manera feroz, comienzan a entender que sus propias preferencias y las de sus amigos y familiares pueden ser recopiladas y almacenadas de forma perpetua y alimentadas mediante algoritmos para generar mensajes manipuladores destinados a cambiar sus creencias e influenciar sus acciones.

Aunque los reguladores y fiscales han iniciado las investigaciones sobre estos hechos, el verdadero inquisidor será el mercado. Cualquiera sea la red social, llámese Facebook, Twitter, WhatsApp o alguna otra plataforma, cuando los usuarios tomemos conciencia que los datos que estamos compartiendo en esas plataformas —desde nuestro propio celular u otro gadget e incluyendo un simple “like”— pueden ser usados para saber de nosotros más de lo que queremos o hemos consentido, e incluso en nuestra contra, perdiendo así el control de lo que nos pertenece, no debería esto repetirse o, al menos, no sin saberlo o consentirlo. Si se pierde la confianza y no hay un intercambio valioso o virtuoso, los usuarios tendrán desincentivos para seguir usando estas plataformas y los anunciantes se irán a otra parte.

Si bien esto está pasando hoy en otras latitudes, la World Wide Web (www) es por definición global, por lo que no sería novedad que se sigan develando situaciones similares a estas en otros países o escenarios. No se entienda con esto que estamos en contra de la circulación de la información y los datos, por el contrario, tenemos el convencimiento que es muy importante y necesaria, pero las reglas del juego para ese “intercambio” deben ser conocidas y claras para todos los actores, y claramente eso en estos casos falló.

Chile va en la dirección correcta en esta materia, ya era hora, y estamos ad portas (actualmente en su primer trámite constitucional en el Senado) de que se apruebe la reforma y actualización a nuestra ley sobre protección de datos personales acorde a los nuevos tiempos, donde aspectos como, el tipo de datos y la transferencia internacional de los mismos son claves para que no solo los titulares de datos ejerzan efectivamente sus derechos sino que para el mercado y, porque no decirlo, para una competencia leal entre los distintos actores, incluyendo el sector público.

 
* Claudia Rossi es socia de Rossi Asociados, abogada especializada en tecnologías de la información y protección de datos personales. El presente artículo fue escrito originalmente para los clientes de la firma y su reproducción en Idealex.press fue expresamente autorizada.

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