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Integración y discapacidad física: no es incapacidad legal, ni absoluta, ni relativa

“…Si puede leer, escuchar, escribir y exponer, tiene ya todo lo que se necesita para el ejercicio profesional”

24 Enero, 2018 Comparte en:
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integraciónJ Cristóbal Cibié
Juan Cristóbal Cibié

Hace un mes hice un llamado a personas a compartir ideas y relatos, de cosas a aplaudir o mejorar, en temas de igualdad de género, diversidad e inclusión.

Me encuentro hoy escribiendo este artículo porque recibí un relato que me emocionó, de una persona muy valiente y que comparte su mirada, ya madura, sobre cómo fue su inserción en el mercado laboral.

“Soy mujer. Soy discapacitada. He tenido tremendos jefes para los que mi discapacidad simplemente no ha sido tema, pero no todo siempre fue bueno. Al principio de mi carrera sufrí mucho por la falta de cultura en el mercado.

Cuando salí de la universidad, olvídate de que me preguntaran si estaba pololeando o si me quería casar en el corto plazo (como le ocurre en entrevistas a muchas mujeres en Chile). En mis entrevistas se iban directamente a mi discapacidad (física). Mi perfil es 100% corporativo. Mi trabajo requiere poca movilidad. Podría entender que la pregunta fuera por interés en conocerme, pero Recursos Humanos parecía usarlo como filtro. Para ellos era algo raro y me lo preguntaban de entrada. En lo personal, no creo que la primera entrevista sea la ocasión para hablar de ello.

Después de una de las entrevistas que tuve –en la que afortunadamente quedé–, el socio que me entrevistó comentó “tiene un currículum súper bueno, solo tiene un problema: es discapacitada.” Esto, que me fue confidenciado años después, me molestó no solo por el comentario ‘ella tiene un problema’, sino que además porque quien me lo contó dio la sensación de que se estaba haciendo RSE conmigo. ¿No debían evaluarme acaso por mi desempeño?

Hay esperanza en todo caso. Ya más grande he trabajado en equipos que me respetan y que jamás pensarían que mi discapacidad puede ser un problema, pero hay todavía un sector importante del mercado que le falta madurar mucho en temas de diversidad e inclusión”.

Este relato saca a la luz el desafío pendiente para el mercado laboral chileno en aceptar, integrar y entender, a los abogados que padecen de alguna una discapacidad física. En lo personal, creo que el sector público le lleva años de ventaja al sector privado en este tema. La primera vez que trabajé con un abogado con algún tipo de discapacidad fue durante la práctica en la Corporación de Asistencia Judicial Metropolitana. Ahí conocí a dos abogados jefes ciegos y a los nuevos postulantes se nos daba una inducción especial en integración de discapacitados.

Previo al 2017, no muchos habían alzado públicamente la bandera por la discapacidad. Una buena señal es que esta causa fue parte de las propuestas de muchos presidenciables, incluido el presidente electo. Queda ver que se hará para enseñar al mercado laboral a integrar a esta masa de profesionales que, estoy seguro, desborda en capacidades, integridad y tolerancia a la frustración. Mientras tanto, pongamos nosotros también de nuestra parte.

Si nos vamos a la esencia misma de nuestra profesión, es difícil imaginar situaciones donde una discapacidad física impida a un abogado ejercer la profesión. Si puede leer, escuchar, escribir y exponer, tiene ya todo lo que se necesita para la práctica. Con los avances tecnológicos, también es posible que un abogado pueda ejercer la profesión siendo ciego, sordo o mudo.

Existiendo talento, creo que el mercado legal debería pelearse por este. Con pequeños cambios de infraestructura y un poco menos de prejuicio de los empleadores, una persona discapacitada debiese ser fácil de integrar a los varios sectores del mercado, incluyendo fiscalías de empresas, estudios jurídicos, ministerios y servicios públicos, y tribunales.

 
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* Juan Cristóbal Cibié es abogado de la Universidad Católica, tiene un LLM en Georgetown y trabaja como Tax Attorney en EY.

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