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Columnas

El futuro del Compliance y el combate anti-corrupción en Latam

“Esta investigación sin parangón en el continente refleja la magnitud de la corrupción y sus alcances globales, en la práctica en casi todo el mundo, revelando particularmente la terrorífica conexión entre esta, como fenómeno criminal organizado y la política, su financiamiento y mantenimiento…”

4 Diciembre, 2017 Comparte en:
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corrupciónHernán Peñafiel
Hernán Peñafiel

Los recién pasados 06 y 07 de noviembre tuve el honor de participar como panelista en la Conferencia de la International Bar Association sobre Aplicación de Medidas Anti Corrupción y Compliance (IBA Latin American Anti-Corruption Enforcement and Compliance Conference), en Sao Paulo, Brasil.
Dada la participación de más de 130 abogados, auditores y otros especialistas del compliance y el combate anti corrupción, el evento se constituyó en una inmejorable ventana para observar la percepción sobre estos temas en nuestra desafiante y compleja actualidad latinoamericana.

Antes que empezáramos con los paneles y participación de los asistentes, escuchamos al Ministro de Justicia de Argentina exponer sobre las medidas anti-corrupción del Presidente Macri, en una mirada decididamente esperanzadora de los nuevos buenos aires trasandinos. Esta brisa optimista probó ser reconfortante cuando los duros datos y cifras que desfilarían ese día y el siguiente nos trajeran en cambio un aspecto más aterrizado y sombrío.

Así, una de las preguntas centrales de la Conferencia “¿Existe una revolución anti corrupción en curso en Latinoamérica?” abrió el debate, que fue respondido desde la mirada del ineludible caso Lava-Jato, con el testimonio invaluable de algunos de los fiscales persecutores brasileños.

Esta investigación sin parangón en el continente refleja la magnitud de la corrupción y sus alcances globales, en la práctica en casi todo el mundo, revelando particularmente la terrorífica conexión entre esta, como fenómeno criminal organizado y la política, su financiamiento y mantenimiento. Pero también nos entrega una luz, esto es, la decidida batalla que están librando jueces, fiscales, policías, organizaciones civiles y algunos otros contra el sistema partidista y de gobierno. Esta luz es sin duda digna de admiración y atención, ya que sin ella no existiría ni siquiera la pregunta en cuestión.

La batalla no es fácil, ya que en estos casos, como en todos aquellos en que no existe una pistola humeante ni un cadáver en la habitación, nada sustancial se puede lograr sin un mecanismo real de delación compensada (e impunidad asociada) y trabajo de inteligencia asociado a ella. Los éxitos en el caso de Lava-Jato se deben en gran medida a la aplicación de este mecanismo.

Mi impresión: el caso es impresionante, sus ramificación en nuestros países clara e insoslayable, pero es legitimo dudar si no habrá llegado hasta su peak, pues ya son bastantes los caídos, el sistema parece estar cerrando filas en torno a su sobrevivencia, y el futuro del caso está más bien en cada país que ha pedido a Brasil asistencia y entrega de antecedentes. En términos futbolísticos, propios del país anfitrión, el caso se empieza a parecer más a un partido de Brasil contra Resto del Mundo.

La otra pregunta central de la conferencia fue: ”Investigaciones en Latinoamérica: ¿son todas iguales?”. Acá hubo cierta curiosidad sincera por entender la actualidad chilena, dado que la relativa buena posición en los rankings de transparencia y corrupción de nuestro siempre particular país les parecía un buen punto de comparación. Considerando nuestro caso “Soquimich” como emblema, tratamos de exponer nuestra preocupación acerca de la magnitud del contubernio corrupción-política, y cómo este caso había servido en Chile para despertarnos bruscamente, sirviendo como un balde de agua fría.

Sin embargo, no logré obtener más allá de una mirada escéptica y condescendiente del resto de los panelistas y oyentes; la verdad es que la modestia de nuestro caso, las cifras involucradas, la poca sofisticación de los esquemas empleados, las mínimas consecuencias judiciales para los involucrados conocidos y de los otros, hasta ahora, me sacaron rápidamente del radar de interés.

Pero a nosotros sí nos debe parecer relevante, es nuestra realidad, a los chilenos nunca nos pasa nada demasiado grave, descontando las tragedias naturales, hasta que nos pasa. Mi preocupación: los fiscales chilenos que en serio quieran investigar el financiamiento de campañas importantes, con dinero proveniente de la corrupción, como por ejemplo presidenciales, se encontrarán con que nuestro sistema exigirá pruebas irrefutables y propias de juicios terminados, no financiará viajes de testigos ni de policías, no otorgará inmunidades totales ni menos garantizadas, y ya antes de comenzar el partido casi todos los jugadores parecen haber acordado una igualdad que si bien no nos clasifica a ningún torneo, tampoco nos expone al descenso de categoría.

Tal vez sea tiempo en que los ciudadanos de a pie, incluyendo en ellos a los abogados, aunque nos pese, dejemos la pasividad y exijamos más de nuestras autoridades. Para tener un auto limpio, en definitiva siempre tendremos que lavar, sea en un automático o a trapo no más, la suciedad ambiental que continuamente se acumula.

 
* Hernán Peñafiel es socio del estudio chileno Chirgwin Larreta Peñafiel.

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