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Cuando la excelencia y el sacrificio no bastan

“´Todos sabemos que tu universidad es mejor en todo sentido; sin embargo, a la hora de buscar trabajo lo que más importa son los contactos, tu apellido y si tienes buena pinta´, es lo que me ha tocado escuchar”

8 Febrero, 2017 Comparte en:
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excelenciaSophia Holloway
Sophia Holloway

A veces el “mercado legal” me da rabia y a veces sólo me produce un profundo desconcierto.

Estudié en una de las mejores universidades de Chile, sé que tuve una formación jurídica excepcional. Pero, a veces, no sé si tomé la decisión correcta.

Al salir del colegio tuve que elegir entre una universidad privada —de buen nombre y a la que fueron muchos de mis amigos— y una universidad pública. No lo dudé. De hecho, me retracté de la matrícula en la primera cuando fui aceptada en la segunda.

Quería aprender y elegí el camino duro: todos mis ramos eran de Derecho, incluidos los 8 electivos que cursé. Sólo tuve 2 ramos de formación general. La exigencia era brutal; recuerdo interminables fines de semana, navidades, años nuevos y veranos con mis compañeros estudiando. Muchos de ellos no aguantaron la presión y se cambiaron en tercer año.

En quinto tuvimos que hacer una tesina, participar en una clínica jurídica con casos reales, y también hacer una pasantía… además de todas las asignaturas que la malla contempla.

Una vez terminados mis ramos de pregrado, comenzó la ardua tarea de estudiar para el examen de grado: un examen oral en el cual se evaluaba todo derecho civil, todo derecho procesal y un tema específico de un tercer ramo, definido por sorteo un mes antes de la fecha del examen.

Ninguna de estas dificultades tuvieron mis conocidos que ingresaron a la universidad privada a la que yo no fui. Y si nos enfocamos en el examen de grado, para ellos fue escrito y por partes…

A pesar de todo, en el fondo estaba orgullosa de todo el sacrificio intelectual, emocional y físico de haber logrado egresar de una universidad estatal de excelencia.

Pero aquí viene lo realmente difícil: a la hora de buscar trabajo, me di cuenta de que si bien mi universidad era reconocida a nivel regional, no lo era en Santiago, y que mis redes de contacto no son tan buenas como las que tendría si hubiera tomado otra decisión al elegir dónde estudiar.

“Para qué te esforzaste tanto; saliste como 2 años después que nosotros y estudiaste el doble”, es lo que he tenido que escuchar. O bien: “Todos sabemos que tu universidad es mejor en todo sentido; sin embargo, a la hora de buscar trabajo lo que más importa son los contactos, tu apellido y si tienes buena pinta. Da lo mismo si fuiste el mejor estudiante de la mejor universidad, si no eres lo que busca el cliente”.

Hace poco me ofrecieron un trabajo que rechacé. Ni siquiera miraron mi universidad. Sólo se fijaron en que vengo de una familia antigua de Viña del Mar. Recuerdo que usaron el término “GCU” (gente como uno). Porque al parecer eso es lo que le importa a los clientes, lo que les genera confianza. Al parecer da lo mismo todo mi esfuerzo universitario.

¿Puedo culparlos? No realmente. Nada es blanco o negro. Mi formación jurídica fue de excelencia, pero no tuve ramos de inglés, no tuve ramos de deporte, comprensión de lectura ni análisis de casos, asignaturas que mis compañeros y yo hubiéramos querido tener.

Conclusiones. Uno: en Chile todavía importa ser hijo de, el apellido, el colegio, la imagen, el círculo dónde te mueves. Dos: objetivamente me siento en desventaja. Tres: sin perder la calidad, las universidades públicas tienen que modernizarse para alcanzar ciertos estándares de las universidades privadas. El mercado los valora y no sirve de nada cerrar los ojos como si esa realidad no existiera.

Los costos de mi decisión fueron altos, pero quiero creer que valieron la pena.

 

* Sophia Holloway Pallerano es licenciada en derecho de la Universidad de Valparaíso y está próxima a recibir su título de abogada.

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  • Me parece que el desconcierto no es la manera apropiada de enfrentarse al mercado legal, ni menos la forma de aumentar las posibilidades de una inserción exitosa. En cuanto al sufrimiento universitario descrito, me parece que da cuenta de un problema profundo en la educación.

    Seguramente el rigor te va a servir para enfrentarte a la vida profesional, pero el principal objetivo de las universidades debiese ser generar aprendizaje en los alumnos y prepararlos para el ejercicio profesional, lo que se logra con mallas interdisciplinarias que mejoren la comunicación entre las distintas disciplinas (Tomorrow’s Lawyers: An Introduction to Your Future) y acercan al abogado al entendimiento profundizo de diversas industrias (Ej. Slaughter and May). Si bien planteas que en las universidades públicas debiesen modernizarse, la tradición es fuerte.

    Por otro lado, no creo que vayan a prosperar los estudios ni las empresas que absurdamente privilegien un apellido, un colegio o una imagen, por sobre las competencias. No obstante, es indispensable ver el mercado legal actual con perspectiva y no con una visión idealista. La competencia genera que todo lo que nombras sea importante y sea parte de una compleja ecuación. Me parece que en el largo plazo el mérito es sin duda lo que distingue a un abogado por sobre otros, pero cuando un estudio esta buscando un recién egresado claramente buscará aquel que más sume a los objetivos de la empresa, lo que en ocasiones coincidirá con cuestiones que no son mérito del postulante.

    En definitiva, si bien los contactos o imagen no son primordiales para llevar un caso, claramente cobran relevancia en un universo de egresados que son capaces y están preparados para iniciarse en el ejercicio de la abogacía. Lo racional será buscar entre aquellos competentes y preparados a los que tengan un valor adicional, sea por sus competencias, intereses relacionados con el area de práctica, por más años de estudios o especialización, por las posibilidades de vender o atraer clientes en el futuro, o por las capacidades que tengan para cautivar a los clientes que ya existen. Esto significa incorporar en la ecuación de selección el mérito académico, así como también la imagen, y circunstancias que no siendo relevantes para resolver un caso, contribuyen al desarrollo de la firma. En mi percepción, los estudios son promoción, posicionamiento en la sociedad, calidad en el trabajo, imagen, tradición, percepción de calidad, confianza, etc. En ese contexto, pretender que tienes un puesto asegurado sólo por haber entrado a una universidad pública parece ingenuo.

    Yo creo firmemente que lo preponderante es el mérito, pero una adecuada comprensión del mercado legal lleva necesariamente a preocuparse cada vez de más elementos, porque un mercado con cada vez más oferta, obliga/permite a que quien selecciona a utilizar criterios cada vez más finos. Al final depende de cada uno mejorar las eventuales falencias que pudo habernos dejado la propia universidad, yo no diría que estas en desventaja.

  • Brian Wright

    Estimada, también soy de la U. de Valparaíso y lo que dices es verdad, pero no hay que deprimirse. Todo se puede. Un gran abrazo

  • Andrés Castro Abarca

    Tiene nombre de elite