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Competencias digitales: todo abogado debe tenerlas

“Esta no es una tarea sencilla pues aparecen y desaparecen herramientas continuamente. Hay muy buenos vendedores que pueden colocarnos lo que quieran y muy buenos software que no se presentan bien al mercado. Por ello, es esencial aprender a definir los requerimientos…”

2 Agosto, 2017 Comparte en:
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competencias digitalesEmprendeLaw
María Jesús González-Espejo

Estoy casi segura de que pocos juristas deben quedar que no tengan claro que hoy ya no nos basta con saber Derecho, ni con saber entender lo que el cliente necesita, ni con saber hacer un escrito digno o hacer un alegato convincente ante el juez. Hoy además necesitamos adquirir conocimientos y habilidades tecnológicas: las famosas competencias digitales.

Desde la irrupción de internet y los desarrollos informáticos que ha generado su existencia, todo ha cambiado y también lo ha hecho nuestra forma de trabajar, de relacionarnos con los clientes, con los tribunales, con los proveedores; nuestra forma de comunicar y la de organizar la información del despacho; la de publicitar nuestras firmas y nuestra propia marca personal.

Hoy, sin conocimientos y habilidades digitales, estamos perdidos.

En esta primera columna abordaré los conocimientos que hay que tener para manejarse bien en el mundo virtual y que podemos clasificar en seis categorías:

Sobre tecnología: necesitamos entender qué tecnología hay disponible. Cuando hablamos de tecnología tenemos que pensar en términos tanto de hardware como de software. Hay que ser capaz de adquirir los que más nos conviene y no los que tienen otros despachos o los que mejor nos vendan.

Esta no es una tarea sencilla pues aparecen y desaparecen herramientas continuamente. Hay muy buenos vendedores que pueden colocarnos lo que quieran y muy buenos software que no se presentan bien al mercado. Por ello, es esencial aprender a definir los requerimientos, es decir el conjunto de exigencias mínimas que tenemos.

Para ello hay que pensar primero en nuestras necesidades, hay que responder a preguntas como: ¿qué ofrecen hoy las herramientas de esta categoría que hay en el mercado?, ¿de lo que ofrecen qué es crítico para mi negocio?, ¿se trata de licencias, de herramientas en la nube?, ¿qué riesgos asumo adquiriendo esta herramienta?

Cada vez que he tenido que escoger una aplicación para mi empresa o para alguno de mis clientes, he necesitado rehacer el ejercicio de identificar la oferta existente, comparar sus ventajas e inconvenientes, para finalmente, diseñar mi propio briefing con los requerimientos exactos que necesitaba cubrir.

Sobre el funcionamiento de las diferentes redes sociales: las redes sociales se han convertido en herramientas muy útiles para fines tan diversos como conocer lo que hace la competencia; investigación de mercados; mejora del conocimiento del cliente; definición de nuevos productos o promoción de los existentes. Ya nadie cuestiona su utilidad y los abogados tenemos que ser conscientes de ello.

No basta con conocer cuáles son las reglas técnicas de participación (limitación de caracteres, de tipos de archivos, etc.) o los usos aceptados y reglas de cortesía que imperan en las mismas; sino también, los famosos términos y condiciones que tanto nos cuesta leer y tanta información útil contienen sobre todo para quien, como el abogado, está sujeto a especiales obligaciones.

Sobre deontología y normativa vigente relacionada con la tecnología y su uso: Debemos conocer y aplicar los regímenes relativos a la protección de datos, los servicios de la sociedad de la información, la propiedad intelectual e industrial y la ley de cookies.

Sobre los campos de especialización profesional que tiene cada uno para destacar a la hora de publicar: La marca personal se construye sobre todo a base de “originalidad” y de “oportunidad”. Ambos atributos son normalmente fruto de la actualización de conocimientos y de la capacidad de identificar aspectos novedosos y de interés técnico.

Sobre psicología del usuario de internet: Los internautas actúan en la red bajo unos parámetros conductuales que es necesario entender, lo que sobre todo se logra a través de la propia experiencia.

Sobre ciberseguridad: Pues como profesionales y colaboradores de la Justicia que somos, debemos ser conscientes de los riesgos que conlleva el uso de la tecnología. Tenemos la obligación de tomar las medidas oportunas para proteger la información que manejamos como consecuencia de nuestro trabajo. Nuestro deber de guardar secreto profesional nos exige una mayor diligencia que al usuario normal de internet. Controlar y gestionar correctamente nuestras contraseñas, guardar copias de seguridad o ser cuidadosos a la hora de acceder a internet a través de redes wifi abiertas son medidas que todos tenemos que incluir en nuestra rutina.

Adquirir todos estos conocimientos no es sencillo, pero sí cada vez más necesario. En EE.UU. hace ya un par de años que se ha incluido entre las normas deontológicas la obligación de estar al día en la tecnología relevante para la profesión. En España y Latinoamérica, no conocemos de prescripciones similares, si bien comienzan a surgir algunas iniciativas.

No obstante, no basta con leyes que regulen el derecho a la neutralidad de la red, a la privacidad y protección de datos personales, el derecho a la seguridad y secreto absoluto de las comunicaciones electrónicas y otras similares. Se requiere ir más allá; se requiere que haya conciencia sobre la necesidad de formación digital para el sector, que evite incumplimientos normativos debidos a la ignorancia. Ser uno de los entes que entregue esa formación es uno de los retos del Instituto de Innovación Legal.

Recordemos que somos aún mayoría los juristas que podemos ser encuadrados dentro de la categoría de inmigrantes digitales. Por eso es inaplazable la concienciación de la situación y el desarrollo de programas dirigidos a la alfabetización tecnológica y el apoyo al cambio que exige la era digital.

 
* María Jesús González-Espejo es socia fundadora del Instituto de Innovación Legal y es socia directora de EmprendeLaw.

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