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Columnas

Chile y Brasil: dos culturas que se complementan

“Un brasileño que llega a Chile por primera vez, a vivir o trabajar, puede pensar que el chileno es ‘pesado, indiferente. Pero al conocer mejor a la gente se da cuenta de que no es así; el chileno es desconfiado, pero a la vez muy empático…”

18 Agosto, 2016 Comparte en:
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Raquel Frattini

Soy abogada brasileña titulada de la Universidad Católica de Campinas, São Paulo, desde el año 2004. A fines de 2013 llegué a Chile por opción familiar. Mi marido es chileno y optamos por empezar nuestra vida en esta tierra tan lejana a la mía.

Todo lo que es desconocido trae miedo e inseguridad, por eso, vivir en Chile en los primeros meses me dejó aterrada. Todo nuevo, desde la comida hasta la gente, no obstante, con el pasar de los meses empecé a familiarizarme con las calles cerca mi departamento, a hablar con los vecinos, y el miedo se fue transformando en descubrimiento y experiencias nunca antes vividas.

Como socia de un estudio jurídico tipo boutique en Brasil, trabajando siempre con derecho corporativo, mi primera impresión como abogada en Chile fue que el país impone barreras burocráticas tremendas a la validación del título profesional, a pesar de la existencia de acuerdo cultural entre ambos países. Con mi proceso de validación de título en trámite, empecé a buscar trabajo en estudios jurídicos que tuviesen relaciones con Brasil, imaginando que de esa manera sería más fácil mi inserción en el mercado laboral, y la realidad es que mi impresión, tanto en mi ambiente de trabajo con los abogados de Chirgwin Larreta Peñafiel, así como hablando con otras brasileñas en la misma situación que yo, es que el mercado laboral de Chile no es tan distinto al de Brasil.

Eso porque hoy en día los estudios jurídicos son globalizados y tanto aquí como allá existen opciones para los que se dedican al mercado local y al mercado extranjero. Con todo, para un profesional extranjero las barreras van más allá de la validación del título, ya que debe conocer bien las normas locales para pelear una vacante con una persona titulada en el país. O sea, para competir en igualdad de condiciones, el extranjero debe ofrecer, además del conocimiento adquirido fuera del país, la seguridad que maneja bien la legislación chilena.

En términos de cultura corporativa lo que tenemos en Brasil y en Chile es bien distinto. El ambiente de una empresa, estudio de abogados o no, en Chile refleja toda la personalidad del chileno, la cual es diversa a la del brasileño: el chileno sabe separar sus relaciones laborales de las personales, en cambio en Brasil los que trabajan en una misma oficina se transforman en mejores amigos, prácticamente “al tiro”.

Otro punto interesante es la forma de conducir una reunión interna o con un cliente: en Brasil estamos acostumbrados a un cierto desorden (mayor o menor en ciertos casos), cosa que aquí es difícil que ocurra, pues el chileno va a seguir la minuta de la reunión punto a punto. Al contrario, en Brasil si surgen temas relacionados, independiente de que no estén en el punteo, serán tratados en el momento en que uno se acuerda, retomando (o no) el punteo en seguida.

Sin embargo, estos más de dos años desarrollando actividades en Chile me hicieron comprobar que las dos culturas se complementan, entregando al cliente, en mí caso, brasileño y chileno, lo mejor de los dos mundos.

La tabla abajo sintetiza, pero no agota, la comparación de diferencias entre chilenos y brasileños:

Raquel FrattiniRaquel Frattini

Un brasileño que llega a Chile por primera vez, a vivir o trabajar, puede pensar que el chileno es “pesado”, indiferente. Pero al conocer mejor a la gente con la cual convive a diario se da cuenta de que no es así; el chileno es desconfiado, pero a la vez muy empático, lo que hace que con la convivencia sea agradable.

Ya un chileno que llega a Brasil a trabajar puede sorprenderse con la receptividad instantánea, la invitación al asado en el primer fin de semana de empresa y la armonía que existe en el casino a la hora del almuerzo. Con todo, no debe descansar en eso pensando que su trabajo no le será exigido por la “buena onda” de la gente, ya que ahí sí será sorprendido.

Para el profesional, en especial el abogado, que pretende experimentar en otro país, lo más importante es no generalizar a partir de uno o dos ejemplos, ya que, en términos de cultura corporativa existe de todo en todos los países. Las ganas de ampliar conocimientos, experiencia profesional y redes de contacto dependen de la voluntad de superación de las dificultades que nos surjan.

* Raquel Frattini es abogada brasileña, titulada por la Pontificia Universidad Católica de Campinas – São Paulo en el año 2003. Desde mayo de 2014 está a cargo del Brazilian Desk del estudio Chirgwin Larreta Peñafiel.

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