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Columnas

Abogados de regiones (2a parte)

“Es necesario reconocer que a nivel de competencias o habilidades blandas no estamos del todo conscientes o preparados”

20 Febrero, 2018 Comparte en:
abogados de regionesMauricio Lavados C
Mauricio Lavados C.

Hace dos semanas publiqué la columna “Abogados de regiones, sí, son buenos y de excelencia… ¿pero en Santiago?“, como reacción frente al reportaje “Ranking: sueldos y universidades de los abogados jóvenes mejor pagados“, publicado el 13 de enero en el diario LUN.

Aquí viene la segunda parte con el análisis de las causas que llevan a una real o aparente invisibilidad de los abogados de regiones en Santiago.

No hay falta de capacidad, competitividad, gestión, liderazgo o conocimientos en relación a nuestros colegas formados en facultades de Derecho de universidades de Santiago. Estoy seguro de que la opinión generalizada de los abogados de la plaza refrendará este juicio.

No obstante ello, esta falta de reconocimiento al momento de postular a un puesto de trabajo está dada por los siguientes factores:

– Falta de redes de contacto u de apoyo en Santiago

La primera gran traba con que uno se encuentra al momento de acceder a una oportunidad laboral es la falta de “pituto”, así como la dilución de las redes de amistades generadas en la universidad. Y es que la gran mayoría no contamos con una ascendencia, consanguínea o afectiva, que nos permita tener una recomendación directa y eficiente con los seleccionadores, por una parte y por otra, la disolución o cuanto menos el debilitamiento de esas amistades nacidas al alero de aquellas interminables jornadas de estudios previas a la prueba, certamen o examen de rigor.

Y ello es natural, por cuanto una vez que se aterriza en esta urbe, cada cual cautela naturalmente por su mejor futuro, esmerándose en crear y dejar su propia huella a través del trabajo, lo cual lógicamente implica una gran inversión de tiempo.

Si a ello le sumamos la vorágine propia de esta metrópolis, los abogados de regiones perdemos el contacto permanente que solíamos tener, con el consecuente debilitamiento de estas redes de apoyo.

– Criterios predeterminados de selección

En algunos casos, si no vienes de “X” colegio precordillerano, o tienes “X” parentesco o vinculo de amistad, o simplemente no te desenvuelves en “X” ambiente, lisa y llanamente estas “out”.

En otros casos, un poco menos discrecionales, si no provienes de una determinada universidad capitalina o no tienes un inglés naturalizado, de igual manera estás fuera.

Y contra eso no hay nada que hacer más que “seguir participando”.

Si bien esta tendencia de a poco se ha ido revertiendo (y de allí la importancia de generar este tipo de debates), a veces pareciera que esta pauta de selección tácitamente prestablecida es una regla absoluta que presume confianza, capacidad e integridad, sin que la misma pueda en caso alguno ser objeto de prueba en contrario y a la cual da la impresión que debemos atenernos sagradamente, sin chistar sobre la justicia, efectividad o utilidad de la misma.

– Formación universitaria deficiente en materias de habilidades blandas

Nadie en su sano juicio —y aún con el concepto de posverdad omnipresente— podrá discutir sobre la tradición, excelencia y aporte que tienen nuestras “almas mater”. Sostener lo contrario, independiente del fin o causa que se siga, contraviene abiertamente la realidad.

A su vez, nadie de los egresados de estas aulas pondrá en duda la calidad y solidez de la formación jurídica recibida.

Pero no es menos cierto que cuando que cuando aterrizamos a hacer nuestras primeras armas en esta gran ciudad, nos sentimos como el nuevo mutante del circo. Y no precisamente porque no tengamos los suficientes conocimientos jurídicos (puedo recitar los requisitos del acto jurídico dormido). Pero es necesario reconocer que a nivel de competencias o habilidades blandas no estamos del todo conscientes o preparados. Y ello en esta metrópolis se siente el doble.

Si bien esto no es un desafío privativo de las facultades de Derecho regionales, se realza más por el hecho de tener una formación basada en mallas muy estrictas y rígidas que no nos permiten tener una percepción más realista de la práctica y ambiente profesional a la que nos enfrentaremos y con la cual nos encontramos de golpe una vez que entramos de lleno en el mercado laboral.

Si a eso le sumamos la dinámica propia de la vorágine capitalina, la cual tiene sus propios usos y costumbres, ello nos dificulta un poco más la adaptación. Asimismo un aspecto en el que igualmente no somos bien instruidos es en el manejo y aprendizaje del inglés, y en la trascendencia que este tiene en el desarrollo laboral. Y vaya que pena si no lo tienes al momento de la selección (Por lo que si no se maneja en este ítem, a empezar a estudiar right now).

– Saturación del mercado laboral de la abogacía

Es un hecho público y notorio. Con 49 programas de pregrado que ofrecen la carrera de Derecho a nivel nacional y más de 3.000 abogados jurando cada año, las perspectivas originales se vuelven poco realistas.

Es cierto que esta información ya ha sido ultra analizada y no admite mayor análisis que no sea el de establecer una regulación efectiva a fin de asegurar la calidad de los profesionales. No obstante ello, este fenómeno en vez de amainar, se potencia año tras año.

Dicho esto, de igual forma es justo reconocer los esfuerzos que efectivamente están llevando a cabo algunos actores del sistema a fin de revertir paulatinamente esta tendencia, aunque siga siendo una fuerza minoritaria.

La idea de esta columna no es buscar culpables ni generar una controversia gratuita, sino que, muy por el contrario y desde una perspectiva objetiva compartir un análisis sobre una realidad muy presente, que involucra a una parte importante de los abogados que habitamos la región metropolitana y de la cual no nos podemos sustraer sin más.

Queremos seguir contribuyendo positivamente al debate ya generado y crear conciencia en los distintos actores del sistema respecto de la mantención o reevaluación de las políticas, usos y costumbres imperantes, para que cada uno, desde sus respectivas trincheras, aporte con su granito de arena a enfrentar estos desafíos.

Y a los abogados que vienen desde regiones a probar suerte, quisiera decirles que ante tanta competencia nadie puede quedarse dormido en los laureles: sigan mejorando sus habilidades profesionales a través de un estudio constante, avancen en mejorar su inglés, y si no tienen los recursos para ingresar a un posgrado, actualicen sus conocimientos en forma sostenida y por su cuenta.

 
* Mauricio Lavados Concha es abogado de la Universidad de Concepción, Chile. Tiene experiencia en materias de derecho corporativo, comercial, tributario e inmobiliario. Trabajó en la Fiscalía Corporativa de Empresas SB.

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