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Mercado Legal

Servicio militar: la vida del abogado de primer año

Aventuras y desventuras. “¿Cómo le digo que no a un senior o incluso a un socio?” Ese problema puede llevarte a trabajar más de 12 horas diarias, generando un laberinto del que muchos abogados junior no pueden salir si no es renunciando.

23 Marzo, 2016 Comparte en:
servicio militarPixabay
Pierina Cavalli

 
“Y por fin sonó el teléfono, esa llamada inesperada cuando creías que ya era imposible, esa en la que sólo escuchas ‘quedaste’. No piensas en las advertencias previas, en los mitos, ni en siquiera cuánto vas ganar. Tu mente se concentra en ese estado de excitación que sólo se explica cuando entraste a una oficina grande, en un puñado de sueños y expectativas que planeas cumplir”. Así comienza su relato una egresada de la Universidad Diego Portales de 30 años, cuando se le pregunta por su experiencia como abogada junior en un estudio grande.
 
Existe la percepción generalizada entre los abogados de que los recién titulados deben hacer el servicio militar en uno de los estudios top de Santiago. La leyenda dice que no es un camino fácil: largas jornadas laborales, un mundo nuevo donde nadie te ayuda, tratar con clientes difíciles; temas que nunca se incluyeron en un ramo de la universidad te hacen aterrizar en la realidad. Por lo que el puñado de sueños y expectativas que nacen en tu interior, con ese llamado telefónico, rápidamente se desinflan.
 
¿Es tan así? Para responder a esta pregunta conversamos con tres abogados que desde el anonimato nos cuentan su experiencia en tres estudios distintos.

Los tutores o la falta de ellos

“Lo que lo que te espera es un recorrido muchas veces más difícil que lo que esperabas. Cuando llega el primer día entre reuniones de bienvenida, presentaciones de tu mentor y un recorrido interminable por las oficinas de los socios, sólo quieres empezar a trabajar, aprender y comenzar a tratar con clientes. Al llegar ese primer encargo es inevitable dejar de sentir esa sensación de adrenalina mezclada con miedo, que a muchos los paraliza, en mi caso, fue al contrario me dio todo el punch necesario para avanzar y comenzar el recorrido”, cuenta la abogada de la UDP.
 
“Empezaron las reuniones. Todas en un spanglish, que muchas veces no es fácil de asimilar. Los abogados de estudios grandes no tienen llamados, agendan calls. No dan advertencias entregan disclaimers, y así podría seguir infinito. Esa primera reunión puede dar náuseas, los clientes hablan en su propio idioma, muchas veces desde un mundo comercial o de negocios que la escuela no enseña, y muchas veces ni siquiera lo esboza. Los abogados “grandes” (con un año o pocos meses más de experiencia que tú) parecen entender todo, y asienten o niegan con su cabeza al son de un palabreo que sólo te suena a la profesora de Charlie Brown. Y no, el problema no viene ahí sino cuando llega ese abogado grande, ahora sí notoriamente con más experiencia que tú, que te pide materializar el encargo del cliente, ese mismo con quien estuviste toda la reunión sin entender un huevo. Ahí viene el primer obstáculo: aprender a preguntar, tomar notas y no avergonzarse de decir ‘no sé’. Les aseguro que siempre habrá una mano amiga que los quiera ayudar”, continúa.
 
Para otros esa mano amiga no siempre está: “Los abogados se dan muy poco tiempo para enseñar y eso es lo que más se necesita. Nadie sale de la universidad sabiendo cómo va a ser un juicio. Siempre he criticado eso; me hubiera gustado más formación por parte de los abogados senior. Tuve que aprender por mi cuenta. Te pasan un problema y no sabes cómo abordarlo; lo único que te queda es buscar herramientas por ti mismo y ser autosuficiente”, dice una abogada de la Universidad de Chile de 28 años.
 
Pero las formas de trabajo varían mucho entre estudios. Otro abogado del mismo plantel, narra que “hay algunos en que hay un senior o semi senior fijo que “adopta” al junior y lo guía un par de meses en la pega, trabaja codo a codo con él enseñándole lo necesario para sobrevivir. Hay otros grupos en que esa costumbre no existe, y se basan más en un dejar hacer, y los errores se corrigen al momento de la revisión final. Yo tiendo a creer que al menos, por uno o dos meses es necesario contar con un tutor efectivo, que tenga experiencia en estos asuntos, que genere motivación y reconocimiento del trabajo realizado. Un riesgo grande que se corre en esta etapa es destruir completamente el trabajo del recién llegado sin dar las explicaciones correspondientes. Es necesario explicar por qué está mal, por qué tal o cual párrafo se tiene que cambiar, trabajar el inglés legal formal, etc. Un par de meses bastan y pueden hacer la diferencia entre querer irse o querer quedarse. Por eso, hay grupos que tienen como práctica habitual reconocer el trabajo de los recién llegados, publicando sus nombres en la nómina de transacciones del mes correspondiente. Eso muy probablemente generará simpatía en el junior, que verá que se le reconoce y se respeta su trabajo. Ese tipo de reconocimientos debería ser práctica habitual en todos los grupos, si lo que se busca es retener a alguien y mantenerlo contento”.

Jornada laboral

“Cuando empiezas a hacer las cosas bien, comienzan a llegar más encargos, muchas veces más de los que puedes entregar dentro de las 8 horas que dura la jornada laboral. Entonces empieza un nuevo desafío, el desafío del “no”, ¿cómo le digo no a un senior o incluso a un socio? Ese problema puede llevarte a trabajar más de 12 horas diarias, generando un laberinto del que muchos abogados junior no pueden salir nunca, provocando renuncias, desilusiones laborales y más de algún problema personal debido a la extensa jornada laboral”, dice la ex alumna de la UDP.
 
Mientras que el abogado de la Universidad de Chile, opina que: “Este es uno de los grandes puntos en contra de los estudios. En ellos existe la idea de que está bien quedarse hasta tarde, de que es normal y hay que fomentarlo. Yo no creo que esté bien, no creo que sea normal y no creo que haya que fomentarlo. Creo, que si es que hay un sistema eficiente de delegación de pega, no deberían pasar estas cosas salvo en casos muy extremos”.

Cómo enfrentarlo

Si un recién titulado recibe una oferta para integrarse a un estudio de abogados prestigioso ¿acepta o no? “Yo le diría que indudablemente tiene que aceptar la oferta. Es más, le diría que no piense en esto como un servicio militar (aunque probablemente lo sea) o como un periodo de tiempo entre 2 y 3 años (o incluso menos) que sirve como trampolín para otra pega mejor. Mi recomendación es que se lo tome como una verdadera oportunidad para aprender (porque lo va a hacer muchísimo), y para desarrollarse en el ámbito profesional, generar y practicar ciertas habilidades que no se enseñan en la universidad y que después le servirán para ser un buen abogado”, aconseja el titulado de la Universidad de Chile.
 
Pero hay que tener en cuenta que lamentablemente no todas las experiencias son buenas, e ilusionarse con algo diferente puede llevar a una gran decepción. “Los clientes e incluso los mismos abogados, muchas veces en su propia prepotencia, inseguridad o cansancio, se descargan en el eslabón más débil de la cadena: el abogado de primer año. Es por eso, que la consigna siempre debe ser la misma en un estudio grande: Nada es personal. Si eso no se aprende la ola no podrá capearse y te ahogara en el primer intento. Mi consejo es el siguiente: no siempre el que nada más rápido es el que llega primero, preocúpate de no hundirte en el camino y de aprender a surfear las olas que se presentarán, y aunque decidas no hacer carrera, el servicio militar de este tipo de estudios es invaluable, hay que absorber todo lo que se pueda, mientras se pueda”, concluye la abogada dela UDP.

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