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Mercado Legal

Alan Higgins: “Si tratas de traducir a un idioma que no sea el tuyo, corres un gran riesgo de hacerte una mala reputación”

Tras 9 años viviendo en Chile, este estadounidense revela que el mercado local no alcanza a absorber a los traductores nacionales y, dice, pocos logran tener éxito. Destaca también que el inglés de los abogados chilenos ha mejorado notoriamente en los últimos años, y que son sumamente severos al momento de evaluar las traducciones.

7 Junio, 2018 Comparte en:
traducciónAlan Higgins

Alan Higgins es estadounidense y hace 9 años vive en Chile. Hoy es uno de los traductores legales más cotizados en el país, pero antes de llegar a Sudamérica se desempañaba en un rubro totalmente distinto: cortaba ramas de árboles. Dice que al llegar a Chile se dio cuenta de que su antiguo trabajo nunca le iba a traer las mismas ganancias que en Estados Unidos, por lo que tuvo que cambiar drásticamente de especialidad.

Como ya estaba familiarizado con el nuevo idioma y tenía que ganar dinero para subsistir, comenzó a incursionar en la traducción del español al inglés. Así llegó a Baker McKenzie y desde entonces, dice, ha traducido 14.000 palabras o más por semana durante los últimos 7 años. Entre sus clientes hay firmas como Phillipi Prietocarrizosa Ferrero DU & Uría, Carey, Barros y Errázuriz, y Deloitte.

— Los términos y expresiones legales suelen ser muy técnicas: ¿cómo aprendiste a hablar y administrar la jerga aun cuando no estudiaste leyes o algo relacionado?

“Creo que son muchas las cualidades que separan a un traductor exitoso y efectivo de uno promedio o incluso insuficiente. Las expresiones legales se pueden aprender a través de la capacitación formal o un cierto nivel de práctica y experiencia. Y, con el tiempo, puede convertirse en una segunda naturaleza. Además, internet es una fuente ilimitada de información para el traductor que sabe cómo encontrarla. La capacidad de investigar términos con éxito es posiblemente la habilidad más importante que puede tener un traductor, sin importar qué tan bien hable inglés. Hay términos que son extremadamente difíciles de encontrar, como los equipos de minería y sus partes o los términos farmacéuticos. Ahí es donde entran en juego la intuición y la creatividad”.

— ¿Cómo ha visto evolucionar el mercado en estos últimos 9 años?

“En mi opinión, hay, y sigue habiendo, un problema de oferta y demanda. Existe una gran oferta de traductores chilenos con estudios universitarios que intentan hacer carrera en el rubro, pero el ámbito de trabajo es limitado. Y en el caso de la traducción legal, el mercado tiene aun más barreras de entrada si se trata de traductores chilenos, especialmente cuando se trata de traducciones del español al inglés. De hecho, un gran porcentaje de mis nuevos clientes se deben a trabajos mal ejecutadas previamente”.

— ¿Qué cambios ha visto en la forma en que los abogados chilenos hablan y manejan el inglés?

“Actualmente se le da mucha importancia a tener el inglés como segunda lengua en este país, sobre todo entre los abogados. Me sorprende ver que casi todos con los que he hablado tienen algo más que un conocimiento superficial. También he notado una cantidad cada vez mayor de abogados que están interesados ​​en tomar clases de inglés con un enfoque en sus áreas de práctica. Los abogados hoy buscan fluidez y creo que han alcanzado su punto máximo en los últimos 2 o 3 años”.

— ¿Qué temas son los que los abogados requieren más?

“Minería, energía y construcción son los tipos de industria más solicitadas por los grandes bufetes de abogados en Chile, ya que la exploración y explotación de los recursos minerales es el sector económico más grande del país.
Por área de práctica, diría que bienes raíces, resolución de controversias, medio ambiente y empleo y, después de eso, libre competencia, fusiones y adquisiciones, reestructuración, insolvencia e impuestos.
Por otro lado, los tipos de documentos más solicitados son contratos de arriendo, contratos de construcción, contratos de prestación de servicios, acuerdos de compra/venta, reclamaciones y reconvenciones, actas de reuniones del consejo, declaraciones de impacto ambiental y resoluciones de calificación ambiental, modificaciones de empresas y contratos, y estados de situación financiera e informes anuales”.

— ¿Alguna sugerencia para los futuros traductores legales?

#1: Recomiendo encarecidamente que los interpretes traduzcan a su propia lengua materna. Si tratas de traducir a un idioma que no sea el tuyo, corres un gran riesgo de hacerte una mala reputación en el negocio rápidamente, ya que es muy difícil ejecutar documentos legales técnicos perfectamente y como ya sabemos, la palabra viaja rápido.

#2: Hay que ser extremadamente detallista y si no, elegir otro oficio. No hay una manera bonita de decir esto: si no eres este tipo de persona no sobrevivirás un día en este negocio. En documentos legales cada detalle importa: ortografía, puntuación, estructura, contexto y terminología. Si cometes errores, serás reemplazado rápidamente sin disculpas.

#3: La rapidez es clave: por regla general cada traducción es urgente a los ojos del abogado. Es mejor no hacer promesas que no sabes si podrás cumplir y en lo posible entregar antes de plazo. Mi objetivo es hacer las traducciones lo más rápido que pueda para estar inmediatamente disponible para la siguiente. A los abogados no les gusta esperar.

#4: Uno tiene que amar lo que hace. En agosto de 2016 recibí una contestación de 240.000 palabras para traducir y tenía un plazo de sólo 30 días. Tuve que trabajar de 16 a 18 horas diarias para lograrlo. No pude tomar descansos, pasar tiempo con mi familia ni tomar un día libre durante un mes entero. La recompensa fue fantástica, pero el sacrificio fue severo. En otra ocasión tuve que hacer una traducción que me tuvo encerrado durante las vacaciones de Navidad. Hay que tenerlo claro si quieres seguir esta carrera, porque la dedicación, las largas horas y el sacrificio son necesarios para convertirte en un traductor de primera línea.

 
*Alan Higgins es traductor legal y ha trabajado en derecho corporativo, laboral, tributario, seguros, financiamiento, economía, farmacéutica, mercado de capitales, libre competencia, fusiones y adquisiciones, inmobiliario, medioambiente, aguas, minería, energía y telecomunicaciones.

 

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