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Literatura

Del daguerrotipo al selfie

En una iniciativa conjunta del Instituto Cultural Peruano Norteamericano y del estudio Muñiz, esta oficina de abogados celebró sus 35 años analizando la evolución del retrato fotográfico a través de la historia del Perú.

11 Noviembre, 2016 Comparte en:
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Arturo Ferrari
arturo-ferrariArturo Ferrari

Carlo Trivelli, uno de los curadores de la muestra “Del daguerrotipo al selfie. Una historia del retrato fotográfico peruano”, mencionó el día de la presentación del catálogo que recoge las 200 piezas que fueron expuestas en la galería Germán Kruger Espantoso del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (Icpna) de Lima, siguiendo lo que él y Jorge Villacorta, el otro curador de la exposición, dicen en las primeras páginas de la publicación, que debía hacer hincapié que este trabajo era, precisamente eso, “una historia del retrato fotográfico peruano”, por lo que es perfectamente posible que pudieran coexistir o construirse otras versiones sobre este mismo tema. De hecho, luego de recibir el libro, un profesor de una prestigiosa universidad del norte del país me comentó, sin dejar de elogiar la altísima calidad del material elegido, que no había encontrado testimonios de dicha región. Es cierto, de un tiempo a esta parte las investigaciones se han concentrado, especialmente, en el sur del Perú, por lo que pareciera ser que esta es una tarea pendiente.

“Del daguerrotipo al selfie. Una historia del retrato fotográfico peruano” es fruto del esfuerzo conjunto del Icpna y de Muñiz, Ramírez, Pérez-Taiman & Olaya Abogados, una de las firmas legales más importantes del mercado peruano que siguiendo una tradición establecida hace 10 años, cuando cumplió sus bodas de plata (Post-ilusiones. Nuevas visiones. Arte crítico en Lima (1980-2006), patrocinó nuevamente una publicación de carácter cultural al cumplir 35 años de fundada.

“La edad de oro del retrato” es la primera sección del libro. Pasada la crisis originada por la Guerra del Pacífico los estudios fotográficos en el Perú se consolidan y empiezan a competir por captar la mayor cantidad de clientela. Los nombres más conocidos han visto su obra difundida con gran esmero en años recientes. Si bien Martín Chambi es el gran referente (no era cusqueño como muchos creen, sino puneño, y aprendió el oficio en Arequipa y no en Cusco), otros se han sumado justamente a la lista (Carlos Heldt, Max T. Vargas, Emilio Díaz, Carlos y Miguel Vargas, Juan Manuel Figueroa Aznar, Baldomero Alejos, los hermanos Courret, entre otros).

El monopolio que han ejercido, especialmente, fotógrafos radicados en Arequipa y Cusco, en las investigaciones y muestras realizadas recientemente no obedece a ningún intento por beneficiar a unos en desmedro de otros. Luego de Chambi, fueron los nombres mencionados quienes aparecieron en la palestra luciendo un trabajo realmente fascinante. Trivelli y Villacorta decidieron también darle cabida a la fotografía como herramienta para explorar la diversidad étnica.

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La segunda sección, “Retrato y fotografía”, destaca el trabajo de quienes se ocuparon de dicha diversidad no desde un punto vista estrictamente académico, sino como parte de su trabajo fotográfico. La experiencia de los Talleres de Fotografía Social (TAFOS); una iniciativa promovida por el fotógrafo alemán Thomas Muller, que decidió a mediados de la década del ochenta del siglo pasado entregar cámaras fotográficas a algunas comunidades, como la de Ocongate en Cusco, para que sus integrantes sean quienes creen su propia representación visual sin necesidad de recurrir a terceros, es emblemática. Luego, “La pregunta por la identidad” se preocupa, sobre todo, por la fotografía como herramienta para revelar el mundo interior de personajes del mundo de las artes y las letras.

El retrato periodístico (Fujimori inspeccionando el baño de un colegio o Vargas Llosa bañándose en el mar luego de la primera vuelta de las elecciones de 1990) se acomoda en este acápite. Gracias a “Autorretratos” podemos conocer a algunos de los fotógrafos cuyos trabajos apreciamos en la “edad de oro”. “El fotógrafo posa para sí mismo y al hacerlo está en control sobre las distintas posibilidades de su representación”, afirman los curadores. Junto a autorretratos más “convencionales” pero sin duda de una fuerte carga histórica, como el de los hermanos Vargas con Chambi o el del francés Eugenio Courret, la muestra apostó por imágenes con cierto nivel de experimentación que presentan nuevas libertades expresivas. La sección “Aproximaciones contemporáneas” nos regresa de alguna manera al inicio del libro.

Esta vez ya no se trata de familias acomodadas, novias o niños con sus amas. Los personajes son ahora los internos del hospital psiquiátrico Victor Larco Herrera de Lima (Roberto Huarcaya y su proyecto La nave del olvido) o personas que transitaban por el centro de la capital y acuden una zona conocida como Mesa Redonda, donde abundan el comercio ambulatorio y pequeños negocios (Sergio Urday y Retratos callejeros). Los establecimientos fotográficos finamente decorados y de estilo europeo se “trasladaron” a la calle o a lugares bastante menos elegantes.

Finalmente, “El selfie y más allá” resalta la influencia que los cambios tecnológicos han tenido en la fotografía. “La necesidad de inmortalizar un momento (…) ha llevado al retrato incidental, el selfie, hasta el paroxismo”, afirman Trivelli y Villacorta. Una historia que arrancó hace 175 años con la llegada del francés Maximiliano Danti, el primer daguerrotipista establecido en Lima que comenzó a ofrecer sus servicios como retratista –algunas fuentes revelan que llego procedente de Valparaíso– tiene todavía innumerables capítulos por revelar.

* Arturo Ferrari es gerente de comunicaciones de Muñiz, Ramírez, Pérez-Taiman & Olaya Abogados

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