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Literatura

Carlo Pizzigoni: “Locos por el fútbol”

“Una buena parte de la historia del continente podemos rastrearla en las tribunas y campos de fútbol. En Brasil esta disciplina deportiva era una prerrogativa exclusiva de la élite blanca (mejor si era de origen inglés o alemán)…”

5 Septiembre, 2017 Comparte en:
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Arturo Ferrari
fútbolCarlo Pizzigoni

Francesco Saverio Simonetti lleva a cabo un pormenorizado recuento, en un artículo publicado en el portal numerosette.eu., de lo que ocurrió la noche en la que Carlo Pizzigoni presentó, en la librería Rizzoli de la galería Vittorio Emanuele de Milano, Locos por el fútbol. Para demostrar que no añadió o quitó coma o punto alguno, y así nadie ponga en duda la veracidad de la crónica periodística, Simonetti incluye un video de un poco más de una hora de duración del evento celebrado ese día.

Y es que Pizzigoni revela el momento que significó un antes y un después en su “desmedido” interés por Sudamérica. Siendo estudiante de un curso de literatura hispanoamericana sobre Mario Vargas Llosa acude al local de la histórica librería del centro de Milano para buscar en sus anaqueles bibliografía adicional del escritor peruano. Una persona se percata de ello y le dice, no sabemos en qué tono, “que no puede conocer el Perú si no ha leído a Manuel Scorza”. Luego de recibir por casi un par de horas de parte de su desconocido interlocutor una clase de literatura sudamericana, este escribe en un papel veinte títulos que considera imprescindibles. Al final anota un número telefónico. Tiempo después Pizzigoni quiere comunicarse con él, pero cualquier esfuerzo es en vano. El número no existe. “Lo veo como alguien que me llevó a un cierto mundo y que luego desapareció”, dijo a quienes habían acudido a la presentación. Fue en ese momento que para él nació una ininterrumpida ligazón entre fútbol sudamericano y la literatura de esa parte del mundo.

Pizzigoni actualmente dirige el portal MondoFutbol. Ha colaborado con la cadena de televisión Sky, La Gazzetta dello Sport, Guerin Sportivo, La Repubblica y la revista Undici. Ha sido autor de Tropico del Calcio, un blog en la edición online de La Gazzeta dedicado íntegramente al fútbol sudamericano. Locos por el fútbol es su segundo libro. El 2014 publicó, junto con Federico Buffa, Storie mondiali; diez relatos que recogen hechos que marcaron la historia del fútbol mundial.

“Quien solo sabe de fútbol no sane nada de fútbol”, dijo una vez José Mourinho. Buffa y Pizzigoni consignan esta frase en las primeras páginas de Storie mondiali. Siguiendo este hilo conductor podemos decir que Locos por el fútbol, al final de cuentas, es también un libro que trata, entre otras cosas, de dicho deporte.

Una buena parte de la historia del continente podemos rastrearla en las tribunas y campos de fútbol. En Brasil esta disciplina deportiva era una prerrogativa exclusiva de la élite blanca (mejor si era de origen inglés o alemán). Quien no pertenecía a este grupo debía contentarse con practicarlo en la clandestinidad. El primer equipo que intentó quebrar esta absurda regla fue el Bangu Athletic Club de Rio de Janeiro (fundado el 1904 por siete ingleses, un italiano y brasilero) que un buen día se atrevió a alinear a un mestizo y un negro. La condena fue unánime y el Bangu es excluido del campeonato estadual. La sanción fue levantada en 1912. Fluminense, escuadra histórica de la misma ciudad, intentó esquivar esta prohibición “blanqueando”, con la ayuda de una buena cantidad de harina, a Carlos Alberto, un jugador mulato. Al final del primer tiempo todos se dieron cuenta del burdo engaño. Copiosas gotas de sudor habían hecho desaparecer su improvisada blancura.

En Chile, el periodista Luis Urrutia O’Nell sostiene en su libro Colo-Colo 1973. El equipo que retrasó el golpe, la tesis que la campaña en la Copa Libertadores de ese año del “cacique” –perdió la final con Independiente de Argentina– hizo que los autores del golpe postergaran la fecha en más de una oportunidad. Los partidarios de la Unidad Popular solían decir: “Mientras Colo-Colo gane, el Chicho (refiriéndose a Salvador Allende) está seguro”.

En Uruguay, un grupo de estudiantes universitarios funda en 1899 el club Nacional y elige los colores (azul, blanco y rojo) de la bandera del libertador José Gervasio Artigas, el padre de la Provincia Oriental del Uruguay. Fue la respuesta a Peñarol, equipo fundado, con el nombre de Central Uruguay Railway Cricket Club, por ingleses llegados para construir la línea del tren. Sus colores, amarillo y negro, respetaban aquellos que identificaban las locomotoras que empezaban a recorrer el país.

Sería Venezuela el lugar de la región donde por primera vez rodó un balón. A. W. Simpson, un profesor nacido en Gales y empleado de una compañía minera británica, organizó un partido de fútbol reservado solo para ingleses el 16 de julio de 1875, en la localidad de El Caratal, actual estado Bolivar.

Los primeros clubes respondían a las comunidades de extranjeros que llegaron al país (Deportivo Italia, Deportivo Galicia, etc.), hecho que aprovechó el beisbol para instalarse en el corazón de quienes se sentían relegados. Fue la intensa migración colombiana que irrumpió en los 80 la que permitió al fútbol, empezando por el interior, recuperar posiciones.

En Bolivia la aparición del fútbol obedece al empuje de un empresario originario de Oruro, quien residía en Chile y decide llevar a su país este deporte. Así, en 1896, nace el Oruro Royal, en el que únicamente jugaban ciudadanos ingleses que trabajaban en los ferrocarriles.

En las primeras páginas de Locos por el fútbol Carlo Pizzigoni atribuye a Hugo Sánchez, considerado el mejor futbolista mexicano de la historia, la frase “quienquiera que haya inventado el fútbol debería ser adorado como un dios”. Sabíamos que Sánchez fue un letal delantero, pero desconocíamos que tenía la misma habilidad con el pensamiento.

 
* Arturo Ferrari es Gerente de comunicaciones del estudio Muñiz, Ramírez, Pérez-Taiman & Olaya Abogados (Perú).

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