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Tres episodios desconocidos de la historia de Chile

Rodrigo Lara, periodista, siempre se maravilló con datos desconocidos de la historia de Chile. Tras su extrañeza de que nadie los enseñara, decidió hacer un libro con 26 sucesos no ortodoxos. Aquí, te contamos algunos.

16 Mayo, 2016 Comparte en:
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historia de ChileCatalonia
El periodista, escritor y dibujante Rodrigo Lara, uno de los editores ejecutivos de la revista América Economía, desde pequeño pensaba en las historias que estaban detrás de hitos, nombres y mitos de la historia de Chile. Con el tiempo escribió pequeños relatos que se transformaron en el libro “La patria insospechada”, de editorial Catalonia, que cuenta los aspectos más desconocidos de los próceres de la patria y los baja del pedestal de héroes. “Hay que decirlo: los revolucionarios de Ámerica Latina fueron casi todos jóvenes aristócratas coloniales. Y, como todos los aristócratas del imperio español, estaban notablemente malcriados para conocerse a sí mismos y valorar la libre deliberación”, dice en uno de los capítulos.
 
Luego de investigar fuentes como Gore Vidal, Lytton Strachey, Diego Barros Arana, Niall Ferguson y Adam Phillips, Lara escribió 26 relatos. Elegimos tres y se los contamos.
 

1. El aristócrata malcriado

 
José Miguel Carrera: Este era uno de los aristócratas mal criados al que se refería Lara. En el invierno de 1816, Carrera estaba en Nueva York haciendo gestiones, con su audacia, para obtener dinero, armas, oficiales y una flotilla de naves para encabezar un ataque que liberara a Chile. Allí se encuentra con el coronel Martín Jacobo Thompson, patriota argentino, a quien trata en público de pésima manera, y que se encuentra en Nueva York por las mismas razones que él: buscar apoyo de Estados Unidos para la lucha independentista de la futura América Latina. “Resulta chocante que Carrera abuse así de otro patriota en los mismos días en que solo queda una única colonia todavía no reconquistada por el Imperio español en toda América: la que representa Thompson. Y que lo haga en el mismo tiempo en que escribe a Simón Bolívar sobre las necesidad de unificar esfuerzos para luchar contra España creando un código secreto, cuya clave compartan todos los patriotas, y una flota naval común en el océano Pacífico”, escribe Lara en su libro. Pero hay una explicación para que Carrera reaccione así, según dice el autor: “La estética del amor propio. Carrera no puede perdonar a quienes le han quitado el mando de las tropas que pudo salvar, cruzándolas a Mendoza, luego del Desastre de Rancagua. No puede admitir que siente celos de Bernardo O´Higgins y José de San Martín, celos que se transformarán en odio cuando sus dos hermanos sean fusilados en Mendoza, lo cual llevará a que Javiera Carrera organice un complot para asesinar a “los monstruos” (O´Higgins y San Martín)”.
 

2. El Merlín de América en Valparaíso

 
Rodrigo Lara cuenta en el capítulo “Fuegos y trapecio en nuestro Hoyo Negro” la relación de Valparaíso, como principal puerto del Pacífico Sur occidental en el siglo XIX, con la llegada de diversas figuras que luego llamarían la atención en el mundo. Una era Leona Dare, una malabarista que llegó a hacer acrobacias a 5.000 pies de altura sobre el Crystal Palace, en Londres, colgada de un globo aerostático; o Richard Francis Burton, el explorador de África y el primer occidental que pisó la Meca, oculto, eso sí, con vestimentas propias del mundo árabe. Pero el relato se centra en Harry Kellar, un mago de origen estadounidense que con los años se transformaría en una de las piedras angulares del ilusionismo, al punto que el famoso Harry Houdini lo reconocería como su mentor. Cuando Kellar llegó a presentarse al teatro Victoria, de Valparaíso, en 1874, venía precedido de rotundos éxitos en México, Perú y Bolivia. De hecho, en Iquique, que era boliviana en ese año, había sucedido un evento que rondaba lo paranormal: inmediatamente después de presentarse en el teatro, un incendio sobrevino en el lugar y lo consumió casi; casi todo, porque solo quedó intacta una parte del escenario donde aun estaban los utensilios del Merlín Americano. En todo Bolivia creyeron que Kellar tenía un pacto con el diablo. Cuando llegó a Chile, el intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna le organizó una comida en su honor. Todo iba bien en nuestro país, hasta su arribo a Valparaíso. Se dice que los porteños eligen a sus amigos: se puede vivir una vida en el puerto y no pertenecer al lugar; o se puede estar tan solo minutos en “Pancho” y ser considerado uno más. Lo que ocurrió en el teatro Victoria al Merlín Americano fue lo peor que le pudo suceder a un artista, en general, y a un mago, en particular: cuando el mago presentó sus levitaciones, ilusionismos, escapes y trucos, el público apenas lo aplaudió. ¿Qué había pasado? Nada. El público porteño estaba tan familiarizado con grandes números de variedad que este mago, con gran marketing y con pocos trucos, no logró asombrarlo ni por un minuto. Ellos habían visto a la gran Loena Dare y otros tantos artistas que luego serían famosos. El Merlín Americano no quiso perder y culpó a los dueños del teatro Victoria, el que años después fue consumido por el fuego. No fue su magia, pero más de alguno recordó lo sucedido en Iquique y ese pacto con el maligno.

3. La viuda inglesa en Chile

 
Maria Graham fue una viajera. Nació en Inglaterra y desde joven conoció lugares exóticos. Su padre, oficial naval, la llevó con él cuando fue destinado a India. Durante la travesía, María se enamoró de Thomas Graham, el oficial del buque. Se casaron y volvieron a Inglaterra dos años después. Allí escribió sus experiencias que se convirtieron en un diario de viajes “Journal of a Residence in India”. Luego viajaron a Italia, cuyas experiencias también se plasmaron en un libro. En 1821, acompañó a su esposo en un viaje a bordo del HMS Doris, una fragata de 36 cañones que le había sido confiada al capitán Graham. El destino era Río de Janeiro y después zarparon hacia Valparaíso para proteger los intereses comerciales de Inglaterra. Al pasar Cabo de Hornos el capitán Graham murió de un cuadro febril. Al llegar al puerto de Valparaíso, la acogieron oficiales ingleses, que ofrecieron llevarla de vuelta a Europa, pero la viuda se empecinó en quedarse en el puerto por un tiempo. Así las observaciones, vivencias y todo lo que llamaba su atención del reciente país de 1822 quedó plasmado en su “Journal of a Residence in Chile”. “En Chile acostumbraban a tomar algo tarde el desayuno, que consiste a veces en caldo, o carne y vino, pero todos toman mate o chocolate junto a la cama. Doña María, sabiendo cuán diferentes son las costumbres inglesas, envió a mi aposento té, pan y mantequilla (…) acá no se respeta la intimidad de los dormitorios como en Inglaterra; felizmente tengo el hábito de madrugar”. A lo que Rodrigo Lara agrega, para entender el contexto: “El té era en esos días una irrazonable excentricidad de gente rica, frente a la oferta del mate y el chocolate, mucho más baratos y abundantes. (…) Sería estúpido pensar que solo una pretendida ´incultura` post colonial habilitaba mezclar un tazón de chocolate con un caldo de carne y un vaso de vino mañaneros”. Pero la dieta tenía su lógica, cuenta el periodista, ya que en esa época eran casi inexistentes los sistemas de calefacción, la locomoción pública era una promesa utópica y la vestimenta se ofertaba mucho más cara que la comida, por lo que había que quemar muchas más calorías para hacer las rutinas más simples del día a día. Maria Graham, también observa el problema que había con la carne de vacuno en Chile. El ganado había disminuido notablemente desde los comienzos de la guerra de la Independencia, pero además había un desorden y despilfarro en su administración. “No se aprovechaba de las reses mayores sino la lengua y los costillares; lo demás era arrojado al mar en los fundos de la costa, o abandonado a las aves de rapiña en las haciendas del interior. En algunos fundos botan todavía las cabezas y en ninguna parte se aprovechan los huesos, salvo en lugares en que hay extranjeros, que los utilizan para la sopa”, describe Graham.
 

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