Suscríbete
Educación

Pisando huevos: cómo los estudiantes norteamericanos e ingleses ya no tienen libertad de dar su opinión en la universidad

Jonathan Haidt, psicólogo social y profesor de la Universidad de Nueva York, está en Chile por dos semanas dando charlas acerca de la cultura moral. Ayer, hizo una presentación en el Centro de Estudios Públicos sobre por qué los estudiantes anglosajones ya no dan sus opiniones en los campus universitarios, por miedo a ser considerados discriminadores.

6 Enero, 2017 Comparte en:
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn
Jonathan Haidt Jonathan Haidt
Pierina Cavalli

“Durante mis primeros días en Smith, presencié innumerables conversaciones que consistían en una persona diciéndole a la otra que su opinión estaba equivocada. La palabra ´ofensivo` era casi siempre incluida en este discurso. Dentro de unas pocas semanas, miembros de mi clase de primer año rápidamente asimilaron esta nueva manera de ´no pensar`. Pudieron detectar muy rápido cuando alguien tenía una visión políticamente incorrecta y les hacían saber su ´error`. Empecé a decir cada vez menos mis opiniones, para evitar ser reprendida y juzgada por una comunidad que asegura representar la libre expresión de las ideas. Aprendí, al lado de todas las otras estudiantes, a caminar sobre huevos por miedo de decir algo ´ofensivo`. Esa es la norma social aquí”, dice Kira Barrett en The Sophian , el diario independiente del Smith College, una universidad privada exclusiva para mujeres liberales de Estados Unidos, en septiembre de 2016.

La experiencia de Kira Barrett fue con lo que Jonathan Haidt, psicólogo social y profesor de la Universidad de Nueva York, ilustró lo que está pasando en el mundo universitario de los países anglosajones, donde los estudiantes cada vez tienen más miedo de decir lo que piensan, porque pueden ser clasificados como racistas, sexistas u homofóficos por sus propios compañeros.

En la charla, “Riesgos a la libertad de expresión en las universidades estadounidenses e inglesas”, dictada el jueves 5 de enero en el Centro de Estudios Públicos (CEP), en Santiago de Chile, Haidt abordó la tendencia creciente a demandar la prohibición de palabras, ideas y conferencistas en los campus universitarios, y las causas que explican este comportamiento.

“Una vez que nos armamos con la respuesta ´eso me ofende`, no hay límites de cuan lejos nos puede llevar esa frase. Nos podemos ofender por casi todo (…) En el intento de combatir la intolerancia, nos hemos vuelto intolerantes nosotros mismos. No solo deberíamos sentirnos cohibidos por nuestras acciones, sino que también avergonzados”, dice la estudiante en el diario de la universidad.

En Estados Unidos, estudiantes han hecho explícitas sus demandas para terminar con un sistemático y estructural racismo en los campus universitarios. Y no sólo en Smith, la universidad de Kira, sino que hay 80 escuelas que se han unido, como Yale, Brown y Berkley, con este propósito. Pero no hay que dejar de mencionar que estas universidad son aquellas donde los estudiantes residen en el campus; no es el caso de las universidades comunitarias donde los alumnos duermen en sus casas.

Otra característica del fenómeno es que está pasando, sobre todo, en las áreas sociales y humanistas.

Para dar una explicación, Haidt introdujo uno de los conceptos claves: “Telos” o propósito. Aristóteles frecuentemente evaluaba una cosa respecto a su “telos”. Por ejemplo, el “telos” de un cuchillo es cortar, ¿pero cuál es el “telos” de la universidad? “La respuesta más obvia es la verdad, palabra que aparece en los escudos de las universidades, como Yale y Harvard. Pero muchas de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos están incorporando la justicia social como su “telos” o como su segundo “telos” con la misma importancia que el primero”, dice Haidt.

“Si como comunidad seguimos cerrándonos a nosotros mismos respecto de otros puntos de vista, nuestra educación se verá enormemente disminuida. No creo que la única razón de que estemos aquí es para tomar exámenes, escribir ensayos y asistir a clases. Se puede decir que la parte más importante de la universidad es poder hablar de manera abierta con otros, discutir ideas, estar en desacuerdo, argumentar y ser expuesto a nuevas maneras pensar y de ver el mundo”, dijo la alumna de Smith.

“¿Para qué es la universidad si no es para desafiarnos unos a otros, empujarnos a nosotros mismos a entender el mundo desde la perspectiva de alguien más? ¿Qué clase de ambiente universitario estamos creando para nosotros cuando nuestras clases, nuestro lenguaje y nuestros puntos de vista están siendo constantemente censurados reprochados? Nos estamos apartando del mundo y de nosotros mismos, y eso tiene que parar”, añadió.

En los últimos 30 años, Jonathan Haidt ha visto como estos dos telos” han estado en conflicto. En los 90 fue manejable, pero la intensidad del conflicto ha estado creciendo desde que la diversidad política de los profesores universitarios ha caído drásticamente -la relación entre liberales y conservadores paso de ser de 4:1 en 1990 a 17:1 en 2016-, y la hostilidad de los partidos políticos estadounidenses ha aumentado, siendo el otoño de 2015 cuando esto empezó a hervir.

“Creo que el conflicto entre la verdad y la justicia social está a punto de volverse inmanejable. Las universidades tendrán que elegir y ser explícitas acerca de su opción. Las universidades que traten de honrar a ambos ´telos` crecerán en incoherencia y en conflictos internos”, proyecta el académico.

“La realidad es que una vez que nos graduemos, nos alejaremos de este ´espacio seguro`. Diariamente nos encontraremos con personas que tienen opiniones diferentes a las nuestras. No deberíamos sentirnos amenazados por esto, sino que aceptarlo como una gran oportunidad de vincularnos con un miembro de la humanidad. En el mundo real no hay advertencias anti-traumas (trigger warning, es el concepto que se está usando para advertir a alguien que está a punto de ver, leer, escuchar algo que le podría causar angustia e inclusive traumas)”, escribió Kira Barrett.

Una de las esencias del liberalismo es proteger a las minorías. “Y la diversidad es importante, pero la más importante es la diversidad de puntos de vistas. Sin ellos nos volvemos estúpidos y tiranos. Es malo que las universidades sean políticamente del otro lado, cuando ahora son los republicanos los que están a cargo, porque pueden perder mucho: alumnos y fondos”, comentó el psicólogo social en su charla.

Para finalizar, la estudiante de la universidad femenina dijo sentirse tranquila: “Algunas personas que leen este artículo estarán de acuerdo conmigo, y otras no. Pero eso está bien. Lo importante es que pude escribirlo”.

*Para ver la conferencia completa de Haidt en su sitio web, haz click aquí.

Comparte en:
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn