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Estereotipos y Derecho: “Las niñas son… los niños son”

Género, clase, etnia. Un seminario de la Universidad Austral abordó desde perspectivas históricas, educacionales y jurídicas cómo las creencias arraigadas que arrastramos como sociedad conculcan los derechos de las personas.

18 Agosto, 2015 Comparte en:
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Sofía Martin L.

El cuento es más o menos así: “Había una vez, hace más de 15 años, un abogado de una gran empresa chilena que ejercía funciones similares a las de un fiscal o gerente legal, cuando esos cargos no eran tan usuales como hoy.

Ese abogado estaba sobrepasado en la cantidad de contratos que revisar, gerentes que atender, escrituras que redactar, vendedores que calmar, filiales que crear y tantas otras tareas. Y como necesitaba un ayudante que lo secundara, fue donde su gerente general una y otra vez hasta que consiguió que le aprobaran la contratación. Pero el sí tenía una condición: ‘contrátate un negrito de Recoleta que esté feliz de trabajar aquí por 400 lucas’, dijo el señor gerente.

El abogado finalmente contrató a una mujer sin mucha experiencia, pero con potencial, y con un sueldo algo superior al que le habían sugerido.

¿El resultado? La abogada era buena, a los pocos meses consiguió un trabajo mucho mejor remunerado y el protagonista del cuento volvió a quedarse solo”.

La influencia de nuestra cultura

Si bien aquí el estereotipo tenía que ver con el tono de la piel del eventual candidato y sus orígenes socioeconómicos, también hay otros: género, clase, etnia.

El martes 11 de agosto, en Valdivia, la Facultad de Cs. Jurídicas de la U. Austral realizó el seminario “Los estereotipos y el Derecho”, donde hubo participación del Poder Judicial y de distintas escuelas de la zona sur de Chile.

Yanira Zúñiga, profesora del ramo “Derechos Fundamentales” en U. Austral, exploró el tema “Estereotipos y estándares normativos sobre derechos humanos”.

Esta abogada —que tiene un doctorado en Derecho en la U. Carlos III de Madrid y un posdoctorado sobre género y paridad en la participación política de la U. de Toulouse Le Mirai— explica que “la idea del estereotipo habría que comprenderla como una creencia rígida sobre ciertos grupos, portadora de un disvalor”.

Estas creencias afectarían a “colectivos especialmente protegidos” y si buscamos ejemplos prácticos, Zúñiga comenta uno a nivel latinoamericano denominado “Campo Algodonero contra México”, relativo a la desaparición y muerte de mujeres en Ciudad Juárez. La académica explica que la Corte Interamericana sancionó a México porque no investigó. ¿Y por qué no lo hizo? Porque tenía prejuicios contra las mujeres. Si miramos más cerca, encontraremos una situación muy similar a la de los crímenes de Alto Hospicio: los familiares denunciaron que durante meses la policía pensó que las víctimas se habían escapado de sus familias o habían abandonado el país para ejercer el comercio sexual.

Debbie Guerra, profesora del Instituto de Estudios Antropológicos y del Instituto de Salud Sexual y Reproductiva de la misma casa de estudios, expuso el tema “Las niñas son… los niños son: mitos, estereotipos y diferencias de género”.

Guerra sostiene que las diferencias de fines del siglo 18 y comienzos del 19 siguen definiendo los roles de hombres y mujeres de una manera tal, que ya se “naturalizaron”.

Las mujeres serían permanentemente asociadas a funciones reproductivas más que productivas, lo que incidiría directamente en que el tipo de labores que realizan tienen menos recompensa, tanto simbólicas —en términos de prestigio— como materiales y económicas.

Lo traduce así: por ejemplo, las mujeres son entendidas como “buenas para” hacer varias tareas al mismo tiempo, pero “malas para” la abstracción. Y esas definiciones llevarían al tipo de responsabilidades que se les asignan.

Además, dice, pareciera ser que la maternidad es de la esencia de la mujer, “pero no lo es”, afirma. Y retruca: “Es una construcción social, cultural e histórica”.

Los roles femenino y masculino parecieran ser “naturales”, pero no lo son, insiste, y varían de grupo en grupo. Ello habría incidido directamente en la condena a la pastora aymara Gabriela Blas por la muerte de su hijo Domingo, de 3 años, tras haberlo dejado solo para ir a buscar unas llamas del rebaño que se habían quedado rezagadas. Aun cuando obtuvo una reducción de condena a 6 años (de los 12 iniciales) gracias a un indulto presidencial de 2012 y haber salido en libertad, su causa se tramita ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Otras perspectivas

En el seminario, además, estuvo presente la ministra de la Corte Suprema Andrea Muñoz, impulsora de la propuesta aprobada por el Máximo Tribunal tendiente a incorporar la perspectiva de género en el Poder Judicial. Para ello se espera realizar talleres de sensibilización y cursos de formación en materia de estereotipos y “el establecimiento de una mesa de trabajo como espacio de reflexión que sobre las distintas aristas de la problemática de género, brindando acceso transparente a la justicia”.

También expuso el decano de la Facultad de Educación, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de la Frontera, Carlos del Valle. Este doctor en Periodismo abordó las “evidencias de estereotipos, prejuicios y discriminación étnica en los tribunales de la región de La Araucanía”, mediante los resultados de un “peritaje analítico-discursivo”.

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